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	<title>Cuadernos del Inadi &#187; 01</title>
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		<title>Racismo / modernidad: una historia solidaria</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:32:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Grüner</dc:creator>
				<category><![CDATA[01]]></category>

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		<description><![CDATA[El racismo, tal como lo conocemos y lo concebimos actualmente, es un “invento” estrictamente occidental y moderno. Todas las épocas y sociedades conocieron o practicaron alguna forma de etnocentrismo, de segregación, de autoafirmación mediante la exclusión o la discriminación de un “Otro”. En la inmensa mayoría de las lenguas de las culturas llamadas “primitivas” la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El racismo, tal como lo conocemos y lo concebimos actualmente, es un “invento” estrictamente <em> occidental y</em> <em>moderno</em>. Todas las épocas y sociedades conocieron o practicaron alguna forma de etnocentrismo, de segregación, de autoafirmación mediante la exclusión o la discriminación de un “Otro”. En la inmensa mayoría de las lenguas de las culturas llamadas “primitivas” la palabra que designa al propio grupo o “etnia” significa, en dicha lengua, “Hombre” o “Humanidad”: la implicación es que los otros son <em>otra cosa</em>, no estrictamente humana. Esto es así, y probablemente lo seguirá siendo, “multiculturalismo global” o no: ninguna idealización de la dudosa “naturaleza humana” bastará para tapar el sol con la mano. Sin embargo, insistamos: el <em>racismo</em> estrictamente dicho  –es decir, la “teoría científica” según la cual, por ejemplo, los negros (o quien corresponda en cada caso) no sólo son <em> diferentes</em> sino <em>inferiores</em>, y a veces, muchas veces, merecedores de explotación despiadada, e incluso de exterminio- es un discurso de la <em>modernidad</em>, estrechamente vinculado a lo que ha dado en llamarse el <em>eurocentrismo</em>, y por lo tanto no anterior  –por simplemente darle una fecha de esas llamadas “emblemáticas”- a 1492. Fue allí, en ese primer gran encuentro de Occidente con un “Otro” inesperado, <em>inaudito </em>(asiáticos y africanos ya les eran algo más familiares), que comenzaron a proliferar las representaciones más delirantes de esa <em>otredad </em> insólita, cuya contrapartida fue la conformación del imaginario identitario europeo. Esa historia es bastante conocida. Lo que tal vez lo sea menos es que el gran salto cualitativo que dio lugar al <em>racismo </em> más exacerbado no fue tanto en la confrontación con los indígenas “americanos” –aunque por supuesto ella colocó el andamiaje ideológico necesario-, sino un poco después, cuando se creyó necesario recurrir a la fuerza de trabajo esclava “importada” de África para hacer funcionar las gigantescas plantaciones de azúcar, café, algodón, tabaco, especias y tinturas que produjeron –junto a la minería- las inmensas riquezas que transformaron a Europa occidental en el <em>centro</em> del sistema mundial, cuando hasta entonces había sido una <em>periferia</em> más o menos marginal de algún <em>otro</em> “centro” imperial (el islámico o el otomano, por caso). Esto es algo importantísimo de entender: la mano de obra esclava africana en América hizo una “contribución” esencial a lo que Marx, célebremente, denominó la <em>acumulación originaria de Capital </em>a nivel mundial. Es decir: el esclavismo africano en América no es una rémora pre-moderna ni un anacronismo: <em>pertenece ya</em> a la historia del capitalismo, es <em>ya parte</em> del gigantesco proceso mundial de separación entre los medios de producción y los productores directos que el propio Marx designaba como <em>constitutivo</em> de la emergencia de ese nuevo modo de producción. En una palabra: la esclavitud afroamericana es consustancial a la constitución misma de la <em>modernidad </em> capitalista.</p>
<p>Este es el <em>quid </em> de la cuestión del racismo en tanto fenómeno moderno. Por una razón muy sencilla: había que <em>explicar(se)</em> de alguna manera que la <em> misma </em>civilización cuyo basamento filosófico-moral era –o pretendía ser- la premisa inalienable de la <em>libertad individual</em>… estaba en buena parte apoyada, en términos económicos, en la esclavitud de millones de seres humanos. En los regímenes esclavistas antiguos (orientales o greco-romanos, pongamos) el problema no se presentaba: no existiendo la premisa (que sólo le es imprescindible a la “libre iniciativa” del propietario moderno), los esclavos podían serlo “por naturaleza” –como lo sostenía el mismísimo Aristóteles- pero no por el color de su piel: la esclavitud antigua, si se nos permite un chiste de mal gusto, era completamente “multicultural”. Sólo a la modernidad se le plantea la cuestión de tener que <em>legitimar </em> la esclavización de toda una categoría de seres humanos, en este caso los <em>negros</em>. La “solución” ideológica para esta contradicción fue una exacta aplicación de la definición genérica que nos da Claude Lévi-Strauss del <em>mito</em>: un discurso que resuelve en la esfera de lo <em>imaginario</em> los conflictos que no tienen solución posible en la esfera de lo <em>real</em>. La respuesta: hay “razas” <em>inferiores</em> –la  negra y la cobriza, en el caso de la colonización- que aún no han alcanzado el estadio civilizado, y para las cuales la esclavitud puede ser una buena escuela que les permita el ingreso a <em>la</em> Razón, a <em>la</em> Religión Verdadera, a <em>la</em> Cultura. La constatación de que las sociedades “pre-modernas” carecían del concepto de <em> libertad individual</em> –como es lógico, puesto que este concepto es una invención occidental moderna- resultó no solamente un justificativo para la esclavitud y el racismo, sino que incluso impidió que muchos pensadores “progresistas” ilustrados –fundamentalmente los <em> philosophes </em> del Siglo de las Luces- pudieran explicar(se) acabadamente la existencia de una esclavitud <em>real y concreta</em>, y no meramente “metafórica”, como la del <em>citoyen</em> frente al despotismo monárquico, o algo semejante.</p>
<p>Detrás del razonamiento hay, desde ya, toda una filosofía de la historia, que puede encontrarse ya plenamente desarrollada en el mismísimo Hegel: la historia es la historia de la Razón, y hay pueblos –notoriamente los africanos y los aborígenes americanos- por los cuales la Historia no se ha dignado pasar. <em>Una</em> historia, pues, la de Europa occidental, pasa por ser <em>toda</em> la historia posible. Eso es una sencilla y cotidiana figura retórica, la <em>sinécdoque </em> (la parte que representa al Todo) elevada a grandiosa metafísica. El <em>momento de verdad</em>, como lo llamaría Adorno, que anida en el razonamiento (vale decir, el hecho de que efectivamente la historia de la hegemonía occidental se construye, colonialismo mediante, por la fagocitación de <em>las </em>historias de esos “otros” dominados y ahora incorporados a <em>la </em>historia dominante), ese momento de verdad queda disuelto con la postulación de una completa <em>exterioridad </em> o <em>ajenidad </em>del “Otro”, como si él fuera un radical <em>extraño</em> cuya dominación nada tuviera que ver con la propia constitución de la modernidad occidental. Ese es el principio mismo del <em>racismo</em>.</p>
<p>Porque, es verdad: la <em>institución</em> jurídico-formal o económica de la esclavitud ya no existe. El racismo a que ella dio lugar, en cambio, ha persistido. Más aún, en las últimas décadas se ha exacerbado, sobre todo en los países del “Primer Mundo” occidental. No parece azaroso, además, que esté fundamentalmente dirigido contra la inmigración proveniente de las antiguas colonias de África y América, o de las “nuevas repúblicas” surgidas del estallido de la ex URSS. Son los testigos y <em>síntomas</em> privilegiados –y como tales, insoportables- del fracaso estruendoso de la mal llamada “globalización”. O mejor, como la denomina Samir Amin, de la mundialización de la ley del valor del Capital. “Fracaso”, en el sentido en que precisamente hay algo que <em>no puede</em> ser globalizado o mundializado so pena de una caída catastrófica de la tasa de ganancia del Capital, y ese “algo” es la <em>fuerza de trabajo</em>. Wallerstein y Balibar interpretan esta “nueva” forma de racismo como <em>racismo “laboral”</em>.  Pero quizá no sea, finalmente, tan nueva. Acabamos de ver que el racismo moderno <em>empezó</em>, en verdad, por la cuestión “laboral” de una superexplotación de la fuerza de trabajo esclava. El “racismo laboral” es, pues, lo que un psicoanalista probablemente llamaría un <em>retorno de lo reprimido</em> de lo que en realidad estuvo en los orígenes mismos de esa “mundialización” que comenzó en 1492. Su persistencia consciente o inconsciente tiene que ver, sin duda, con esa historia (y con su “filosofía”). Pero también –es un aspecto del mismo “complejo”- con la <em>lógica “objetiva”</em> de funcionamiento de ese modo de producción cuyos orígenes olvidados, “reprimidos”, se erigen sobre la esclavitud. Tratemos de explicarnos.</p>
<p>¿Qué significa, exactamente, ser “racista”, en el sentido más amplio posible del término? Una respuesta verosímil parece ser: “racista” es aquel que es incapaz de tolerar la <em>diferencia </em> (étnica, religiosa, sexual, etcétera) del “otro”. Bien, pero ¿será la cuestión tan sencilla? Porque, podríamos empezar por preguntar: ¿qué es, <em>exactamente</em>, una “diferencia”? ¿Quién es, <em> exactamente</em>, ese “otro” al que el racista no puede “tolerar”? Obviamente, diferentes comunidades sociales –o las mismas, en diferentes etapas de su historia- definen a ese “otro” de distintas maneras, y por otra parte no son siempre los mismos los que ocupan ese lugar de “alteridad”. Esta sola constatación bastaría, va de suyo, para atestiguar el carácter plenamente cultural –y no “biológico” o “somático”- de toda definición de la “diferencia”. Sin embargo, dichas distinciones histórico-culturales no bastan para eliminar el hecho de que, como hemos dicho, <em>toda </em> comunidad humana ha creado “sus otros”, sean quienes fueren y se los defina como se quiera. ¿Hay pues, más allá de las variaciones, una <em>constante</em> por así decir “estructural” que permita caracterizar el “imaginario racista” <em>en general</em>?</p>
<p>En su libro titulado <em> Reflexiones sobre la Cuestión Judía</em>, Jean-Paul Sartre  hace, provocativamente, una afirmación inquietante: en términos estrictamente <em> lógicos </em>(no éticos, ideológicos o sencillamente humanitarios) es <em>imposible</em> no ser racista. ¿Por qué? Pongámonos en el mejor de los casos (que seguramente es el de todos nosotros): el de un sujeto “progresista”, de mente abierta, enemigo de toda actitud discriminatoria, etcétera, que tiene el <em>imperativo ético</em> de ser “tolerante” con la “diferencia” del “otro”. De entrada se le presenta un problema: ¿quién es él para decir que ese “otro” <em>es</em>, efectivamente, un “otro”, un “diferente”? El que se arroga ese derecho, ese <em>poder</em>, ya se coloca, aunque fuera sin quererlo, en una posición de <em>superioridad</em> desde la cual distribuye las “diferencias” y las “alteridades”. Aquel al cual, aunque sea para “tolerarlo”, le he asignado el lugar del “otro”, del “diferente”, tranquilamente podría dar vuelta el razonamiento y decir: “Pero, usted se equivoca: el otro, el diferente, es <em>usted</em>, y no yo”.</p>
<p>El “progresista”, pues, ha actuado con <em>la misma lógica</em> que el racista (aunque, por supuesto, para la víctima de esa lógica no sea lo mismo que lo “toleren” o que, digamos, lo envíen al campo de concentración): ha elegido un rasgo completamente <em>secundario </em> del “otro”, un <em>detalle </em>casi insignificante, y lo ha elevado a <em>condición ontológica</em>, a estatuto del <em>ser </em> del “otro”, <em>transformándolo</em> en tal “otro”. Por ejemplo: se toma un color de piel y se dice “<em>es </em> negro”; se toma una pertenencia religiosa y se dice: “<em>es </em> judío”; se toma una elección sexual y se dice: “<em>es </em> homosexual”, etcétera. Pero el “otro” <em>es </em> muchas más cosas que negro / judío / homosexual: estas son solamente <em> partes </em>de la totalidad de su ser. <em>Tanto </em> el progresista como el racista, entonces, han cometido una operación <em> fetichista</em>: han hecho una confusión (una <em>con – fusión</em>) entre la Parte y el Todo, entre lo particular y lo “universal”, entre lo concreto y lo abstracto. Han, decíamos, elevado una figura retórica a constancia del Ser.</p>
<p>Porque, finalmente, en <em> todo lo demás el “otro”</em> es igual a mí (es un ser humano, tiene dos piernas, dos ojos, una nariz) o, en todo caso, comparte potencialmente todas las posibles diferencias entre los seres humanos (es varón o mujer, blanco o negro o amarillo, judío o islámico o cristiano o ateo, homosexual o heterosexual, casado o soltero, pobre o rico, y así sucesivamente), esas <em>diferencias </em> que son las que conforman la <em>unidad </em> de la especie que llamamos “humana”. Se podría entonces decir, con una sólo aparente paradoja, que lo que el racista no puede “tolerar”, es la <em>semejanza </em> del “otro”, y entonces le <em>inventa</em> una “diferencia” absoluta, lo <em>convierte</em> en un “otro” radical, y decide que <em>eso</em> le resulta “insoportable” (esto es lo que Freud, en su <em>Psicología de las Masas</em>, ha bautizado célebremente como “el narcisismo de la pequeña diferencia”). Ahora bien: si en lugar de Freud nos inspiráramos en el ya citado Lévi-Strauss nos encontraríamos con una operación muy similar desde el punto de vista lógico; <em>toda</em> sociedad humana genera sistemas de clasificación mediante los cuales <em>dis-crimina </em> (en principio, en el sentido puramente taxonómico, que no implica necesariamente valoración, como sucede cuando de la dis-criminación se pasa a la <em> in-criminación</em>) a sus miembros: como es sabido, en la teoría lévi-straussiana las llamadas <em>estructuras del parentesco </em> (que, estableciendo el “tabú del incesto”, generan la <em>exogamia</em>) son el método clasificatorio más básico. A un nivel más sofisticado de la operatoria encontramos por ejemplo lo que Lévi-Strauss denomina la “ilusión totémica”; por ella, la obsesiva clasificación de las especies animales o vegetales, típica de las sociedades “primitivas”, se revelan como traducciones metafóricas de la clasificación de los grupos humanos. Estas operaciones son <em>constitutivas </em> de cualquier sociedad, incluyendo las más “igualitarias”, en tanto necesidad de “simbolización” propiamente <em>cultural</em>.</p>
<p>Todo esto es, sin ir más lejos, lo que hicieron muchos de los primeros colonizadores de América, sólo que desde el comienzo saltando a lo que llamábamos la <em>in-criminación</em>, al retratar a los indígenas como monstruos de dos cabezas, caníbales perversos, herejes irrecuperables o dislates semejantes. Y es también lo que hicieron los esclavistas al <em>inventar </em> que los negros africanos eran una “raza” incivilizada y salvaje, sin cultura y sin religión (cuando, por supuesto, se trataba de culturas a veces complejísimas, con sofisticadas formas religiosas, rituales, lingüísticas o artísticas), y que por lo tanto merecía ser sometida, <em> por su propio bien</em>, al poder de los blancos. De allí a producir la operación fetichista de identificar el color <em>negro </em> con lo incivilizado / salvaje / pagano / primitivo / inculto había un solo paso, y el paso se dio.</p>
<p>Pero, entiéndase: hubo que <em>dar </em>el paso. Es decir: hubo que “inventar” (de manera inconsciente, sin duda) la diferencia, para <em>justificar </em> el sometimiento de unos seres humanos que –como decíamos recién- en todo lo demás eran <em>semejantes</em>. Y es interesante tener en cuenta que los africanos <em>no fueron</em> los primeros esclavos a los que se recurrió una vez que se comprobó que la fuerza de trabajo indígena no resultaba suficiente: los primeros esclavos fueron <em>blancos europeos</em>. Durante todo un primer período se intentó incrementar la productividad del trabajo “importando”, por ejemplo, delincuentes comunes o deudores incobrables de Europa <em>en calidad de esclavos</em>. Sin duda, el posterior recurso a la leva en masa de los africanos tuvo que ver con que estos primeros contingentes de trabajadores forzados también resultaron insuficientes, y/o con el hecho de que, según se decía, los africanos se “aclimataban” mejor al trópico y “aguantaban” mejor los trabajos pesados de la plantación. Pero también –permítaseme formular esta hipótesis arriesgada- tuvo que ver con el hecho de que aquellos blancos, posiblemente, eran <em>demasiado </em>semejantes a sus amos, provenían de la misma sociedad, tenían el mismo color de piel, etcétera, y por lo tanto hacían más problemática la justificación mediante la creación de un imaginario de “otredad”. Para colmo, estamos hablando de una época en la que nuevas formas de sensibilidad “humanista”, de “libertad individual” y demás, no podían menos que resaltar la contradicción entre la defensa de las nuevas ideas y el sometimiento a esclavitud de miembros de las <em>mismas </em> sociedades que levantaban esa defensa.</p>
<p>Ahora bien: ¿cuáles son las <em>condiciones materiales de posibilidad</em> de una operación semejante? O, en otras palabras: ¿cuál es <em>la “base material”</em> del discurso ideológico fetichista? (desde ya, estamos cometiendo un cierto reduccionismo, porque las razones y mecanismos que explican una ideología son múltiples, complejos e interrelacionados; pero lo que nos interesa aquí es ilustrar la relación estrecha entre <em> este </em> tipo de ideología y lo que se llama la <em>modernidad</em>, cuya “base económica” es el <em>capitalismo</em>). Esa “base material” no es otra cosa que lo que Marx, en el célebre capítulo I de <em>El Capital</em>, analiza bajo el nombre de <em>fetichismo de la mercancía</em>, y que constituye, digamos, la <em>matriz lógica</em> de la “fetichización” ideológica como tal, pero cuya <em>condición de posibilidad histórica</em> es el modo de producción <em>capitalista</em>, y no otro. Un aspecto central del fetichismo de la mercancía es que en la lógica de la economía capitalista <em>todas </em>las mercancías –incluida esa mercancía llamada “fuerza de trabajo”-, no importa cuáles sean sus <em>diferencias particulares</em>, quedan sometidas al <em>equivalente general</em> de la ley del valor. Esto, en un primer análisis, explica la famosa “inversión” de la que habla Marx, según la cual las relaciones entre <em>cosas </em> (mercancías) aparecen “humanizadas”, como si esas cosas tuvieran vida propia, mientras que las relaciones sociales entre sujetos humanos (las “relaciones de producción”) aparecen <em>cosificadas</em>, puesto que el productor directo ha quedado reducido, en tanto <em>persona</em>, al mero valor de su fuerza de trabajo. ¿Y qué ejemplo más acabado de esta lógica que el de la esclavitud “moderna” (es decir: capitalista) donde la persona <em>es</em>, incluso jurídicamente, una <em>cosa</em>? Pero el “fetichismo de la mercancía” no es solamente un <em>efecto ilusorio</em> –que presuntamente podría disolverse ante la explicación lógica y científica- sino que es justamente <em>él mismo</em> la <em> lógica</em> objetiva del funcionamiento del sistema en su conjunto. Dicho de la manera más elemental y trivial posible: para la ley del valor, y por lo tanto para la “contabilidad” de las rentas capitalistas, da exactamente lo mismo que estemos hablando de un tornillo o de la Novena Sinfonía de Beethoven, en tanto <em>ambos </em> objetos sean reducibles a su expresión en un <em>valor de cambio</em>.</p>
<p>Pero esto no es sólo una manera de “contabilizar”: termina siendo también una <em>manera de pensar</em>, una “filosofía”: la de la disolución del <em>particular concreto</em> en el <em>universal abstracto </em> -para decirlo con el lenguaje hegeliano que adoptó a su propia manera Marx-, o, como lo pusimos antes, de la Parte en el Todo, o –como diría Adorno- del Objeto en el Concepto, y así sucesivamente. O sea: un tipo específico, y el peor, de <em>metafísica</em>. Como vimos, esto es precisamente lo que hace el racista: por ejemplo, <em>disuelve</em> la <em>particularidad concreta</em> de un color de piel en la <em>universalidad abstracta</em> de la “negritud”, y <em>luego</em> identifica esta última con una <em>diferencia absoluta</em> (es decir, ella misma “universal – abstracta”) y, claro está, con una “inferioridad”. Y es importante entender que esta operación debe ser proyectada hacia <em>comunidades enteras</em> definidas por un rasgo común –por ejemplo la “negritud”-, antes que sobre individuos particulares: cuando se lo hace sobre estos individuos particulares, es en tanto son tomados como <em>representantes</em> de la comunidad y de aquel rasgo común (por ello es perfectamente “lógica” la famosa afirmación, supuestamente exculpatoria, del antisemita que afirma tener “un amigo judío”: el antisemita, el racista en general, en efecto, <em>puede</em> perfectamente “tolerar”, e incluso apreciar o amar, a <em>un</em> judío o a <em>un</em> negro… siempre que no haga “cosas de judío” o “cosas de negros”, es decir, que no vuelva a ejercer la representación “universal” de su comunidad).<strong> </strong> Y eso, como hemos venido diciendo, tiene su propia <em>historia</em><strong>. </strong></p>
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		<title>La legitimación del control penal de los “extraños”</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:32:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Raúl Zaffaroni</dc:creator>
				<category><![CDATA[01]]></category>

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		<description><![CDATA[A la memoria de Alfonso Reyes Echandía 1. Una idea vieja en un panorama nuevo En la teorización de la política criminal siempre se postularon mayores cuotas de represión para los crímenes más graves, incluso desde las posiciones más radicalizadas2. Además, casi siempre se ha teorizado una represión diferente para los no molestos (a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="alignright"><em>A la memoria de</em> Alfonso Reyes Echandía</p>
<p><strong>1. Una idea vieja en un panorama nuevo</strong></p>
<p>En la teorización de la política criminal siempre se postularon mayores cuotas de represión para los crímenes más graves, incluso desde las posiciones más radicalizadas<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote2anc" href="#sdfootnote2sym"><sup>2</sup></a>. Además, casi siempre se ha teorizado una represión diferente para los no molestos (a la policía) y otra para los molestos, destinando a los últimos medidas de segregación o eliminatorias desproporcionadas con la gravedad de las infracciones cometidas. En consecuencia, no es ninguna novedad que se teorice una represión penal plural: por un lado para los patibularios (¡Mátenlos!) y para los locos y molestos (¡Fuera de aquí!) y, por otro, para los ocasionales (Gente más parecida a uno, que se equivoca).</p>
<p>Nada diferente es lo que ha propuesto Günther Jakobs en tiempos recientes<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote3anc" href="#sdfootnote3sym"><sup>3</sup></a>, bajo la impresión de una categoría especial de patibularios, que serían los terroristas. Salvo su sinceridad y precisión –en el uso del calificativo de enemigos- la propuesta no es novedosa. Se puede considerar que es la conducta banal de un penalista impresionado por hechos de inusitada gravedad.</p>
<p>Sin embargo, esta propuesta ha desatado un debate intenso y de tono inusual<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote4anc" href="#sdfootnote4sym"><sup>4</sup></a>. ¿Por qué una idea más vieja que el penalismo –se remonta a los griegos- produce un escándalo? Se subestimaría la inteligencia de los críticos si se pensase que obedece sólo a la sincera terminología usada por Jakobs.</p>
<p>Nuestra hipótesis parte del presupuesto de que toda conducta es o no banal según el contexto y las circunstancias. Entendemos que el Profesor de Bonn dice en palabras más claras lo que otros muchos dijeron antes más confusamente, pero en un momento diferente. En esta etapa el poder se planetariza y amenaza con una dictadura global; el potencial tecnológico de control informativo puede acabar con toda intimidad; el uso de ese potencial controlador no se limitaría a investigar a terroristas, como toda la experiencia histórica enseña; la comunicación masiva, de formidable poder técnico, está lanzada a una propaganda völkisch y vindicativa sin precedentes; el poder planetario fabrica enemigos en serie. Por ende, por mucho que se atavíe como jurídica, la reacción inusitada es política, porque la cuestión que plantea es –y siempre fue- de esa naturaleza. Prueba de ello es que el propio Jakobs se apoya en Hobbes y, por ende, en el punto central de la soberanía, cuestión clara de ciencia política y, precisamente, el nuevo panorama globalizador se caracteriza por un profundo cambio político.</p>
<p>Los crímenes de destrucción masiva e indiscriminada del 11-S, del 11-M y del 7-J <a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote5anc" href="#sdfootnote5sym"><sup>5</sup></a> son expresiones de brutal violencia que configuran crímenes de lesa humanidad, pero que responden a otra violencia y así podríamos seguir regresando. No es necesario caer en el extremo de sostener dogmáticamente que a toda violencia debe responderse con la no violencia, para verificar que nunca un conflicto fue solucionado definitivamente por la violencia, salvo que se confunda solución definitiva con solución final (genocidio). Los que no terminaron en genocidio, se solucionaron por la negociación, que pertenece al campo de la política. Pero la globalización, empobreció la política hasta reducirla a su mínima expresión. Las decisiones estructurales actuales asumen en la práctica la forma premoderna definida por Carl Schmitt, o sea, del mero poder de señalar al enemigo. Esto va delineando dos frentes: el de los Derechos Humanos y la negociación por un lado, cuyo bastión más importante se halla en Europa y en el campo académico de casi todo el mundo (incluyendo el de los Estados Unidos) y, por otro, el de la solución violenta que arrasa con los Derechos Humanos y acaba en el genocidio. La conciencia de la disyuntiva es mayor donde las experiencias de terrorismo de estado permanecen en la memoria colectiva (Europa y América Latina), no así en los Estados Unidos, donde existieron otros abusos represivos, pero nunca su población padeció el terrorismo de estado.</p>
<p>En este contexto, proponernos admitir un derecho penal del enemigo deja de ser la conducta banal de los penalistas que casi siempre lo postularon, para recuperar su verdadera naturaleza, que es política. Y como tal, se vuelve intolerable, porque lo que hasta ayer era banal hoy se lee como una suerte de deserción en la disputa política mundial.</p>
<p>Cabe aclarar que la propuesta de Jakobs es de la más absoluta buena fe, pues cuando propone distinguir un derecho penal para el ciudadano y otro para el enemigo, lo hace imaginando que ambos funcionen en un estado de derecho, como lo hicieron otros muchos autores con anterioridad. Además, asume un fenómeno real, que es la represivización de la legislación penal, en una mezcla de retiro táctico y resignación, tratando de impedir la extensión del fenómeno a todo el derecho penal.</p>
<p>Admitido que la cuestión es política, nuestra hipótesis es que en este campo resulta intolerable la categoría jurídica de enemigo o extraño en el derecho ordinario (penal y/o administrativo) en el marco de un estado de derecho, y así lo ha sido siempre, aunque se lo haya teorizado con otros nombres. Intentaremos demostrar que esto sólo puede admitirse si se opta por un modelo de estado absoluto, tal como lo postulaba Carl Schmitt.</p>
<p><strong> 2. Primeras precisiones conceptuales</strong></p>
<p>Las palabras abusadas se vuelven equívocas y en el lenguaje jurídico el desgaste es más grave, justamente porque demanda precisión. Por ello, no parece tolerable el deterioro semántico de la propia expresión derecho penal.</p>
<p>De cualquier discurso, incluso técnico, pueden extraerse frases como estas: (a) El derecho penal no puede combatir la pobreza. (b) El derecho penal no pena esa conducta. (c) El derecho penal no analizó ese tema. Un mismo sujeto gramatical, pero con tres sujetos semánticos diferentes: la frase (a) denota el poder punitivo del estado como dato real, sociológico; la frase (b) tiene como sujeto a la legislación penal y la frase (c) indica como omitentes a los teóricos o doctrinarios<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote6anc" href="#sdfootnote6sym"><sup>6</sup></a>. Para afilar elementalmente el instrumento de la palabra, en lo sucesivo llamaremos al sujeto de la frase (a) poder punitivo, al de la frase (b) legislación penal y reservaremos la denominación derecho penal para la doctrina jurídico penal (saber o ciencia del derecho penal) de la frase (c).</p>
<p>En tanto que el derecho penal (como ciencia) es obra de los juristas (penalistas), el ejercicio real del poder punitivo es obra de las agencias ejecutivas del estado y la legislación penal es producida por los órganos políticos competentes. El derecho penal (saber de los juristas) no está destinado al ejercicio del poder punitivo, que lo practican las agencias ejecutivas del estado, sino a la programación de su contención, que deben llevarla a cabo los jueces y su jurisprudencia. El derecho penal liberal está destinado a la contención jurídica del poder punitivo del estado<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote7anc" href="#sdfootnote7sym"><sup>7</sup></a>, sin la cual el estado de derecho desaparece e impera el estado de policía. Este último no desaparece, sino que siempre permanece más o menos encapsulado por los estados de derecho históricos, pugnando por exceder sus límites<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote8anc" href="#sdfootnote8sym"><sup>8</sup></a>, en constante relación dialéctica.</p>
<p><strong>3. El enemigo en el ejercicio del poder punitivo</strong></p>
<p>El poder punitivo reapareció en las sociedades europeas hace ocho siglos, como instrumento de verticalización social corporativa de los estados nacionales. El propio poder central de la Iglesia se reafirmó con su poder punitivo, lanzado primero contra los disidentes (cátaros), luego contra las brujas y más tarde contra los protestantes. El primer enemigo fueron las brujas, que pactaban con Satán, jefe de un ejército de demonios, invención montada sobre el prejuicio acerca de los maleficia<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote9anc" href="#sdfootnote9sym"><sup>9</sup></a> y de la inferioridad de la mujer, reforzando la regulación jerarquizada de la sexualidad, consolidada junto con el poder punitivo<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote10anc" href="#sdfootnote10sym"><sup>10</sup></a>. Esa organización corporativa permitió la empresa colonizadora sobre América y África, que puso en marcha una economía extractiva de materias primas y medios de pago<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote11anc" href="#sdfootnote11sym"><sup>11</sup></a>, dando origen al capitalismo moderno, que acabó debilitando a las potencias colonizadoras y fortaleciendo a las neocolonizadoras<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote12anc" href="#sdfootnote12sym"><sup>12</sup></a>, desplazando la hegemonía mundial de España y Portugal a las potencias del centro y norte de Europa.</p>
<p>A lo largo de este largo curso de acontecimientos la represión siempre se ejerció de modo diferente, según sus destinatarios fuesen iguales o extraños. Los iguales siempre merecieron otra consideración, salvo cuando fuesen políticos disidentes, supuesto en el que eran tratados como extraños. El trato a los extraños distinguía entre infractores graves (los directamente enemigos), molestos (enemigos indirectos: con su conducta desafían el orden vertical) y simplemente inferiores (enemigos potenciales por indisciplina). Los infractores graves (crímenes graves o disidentes) eran eliminados mediante la muerte; los molestos eran eliminados con su incorporación forzada a los ejércitos<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote13anc" href="#sdfootnote13sym"><sup>13</sup></a> o a la producción de energía motriz (pena de galeras). Los simplemente inferiores eran explotados (indios, siervos y negros) y sometidos a eliminación ejemplarizante por muerte en caso de resistencia o fuertemente controlados (mujeres y niños; los ancianos no contaban por su escaso número).</p>
<p>Este panorama se mantuvo hasta la Revolución Industrial, que dio lugar a cambios que no borraron el control penal diferenciado, pero lo atenuaron (a veces más discursiva que realmente). No obstante, asentada la nueva clase hegemónica en el poder, se reafirmó la dualidad de tratos penales: mientras se mantenían las garantías para los iguales, pocos cambios se introducían para los extraños. Aunque la pena de muerte se redujo, a los criminales graves (asesinos) y a los disidentes (Comuna de París, por ejemplo) se los mataba, con lo cual dejaban de ser problema. A los molestos se los eliminaba, manteniéndolos en prisiones con altas tasas de mortalidad<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote14anc" href="#sdfootnote14sym"><sup>14</sup></a>, sometidos a juicios interminables<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote15anc" href="#sdfootnote15sym"><sup>15</sup></a>, o bien deportándolos (especialmente por Gran Bretaña y Francia<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote16anc" href="#sdfootnote16sym"><sup>16</sup></a>, pero también la Argentina<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote17anc" href="#sdfootnote17sym"><sup>17</sup></a>), o sea que, si bien la prisión reemplazó en muchos casos a la muerte, era una pena de muerte por azar en las metrópolis, al igual que la pena de deportación que reemplazó a la leva y a las galeras, insostenibles en razón de la tecnificación de la guerra y de la introducción de la navegación a vapor.</p>
<p>En el siglo pasado, si bien se mantuvo la dualidad del poder punitivo, hubo modelos bien diferenciados. Creemos que son demostrativos de los modelos ensayados, los siguientes diferentes ejercicios del poder punitivo: (a) el modelo europeo autoritario de entreguerras; (b) el europeo democrático dominante en la actualidad en la Unión Europea; (c) el modelo norteamericano actual; (d) el latinoamericano de seguridad nacional y (e) el latinoamericano dominante en la actualidad.</p>
<p>(a) En los autoritarismos de entreguerras (nazismo, fascismo, estalinismo) se distinguió claramente entre los extraños y disidentes y los iguales. Los disidentes fueron sometidos a tribunales policiales especiales o ejecutados sin proceso. Los criminales graves también eran eliminados físicamente. Los molestos, llamados extraños a la comunidad en el nazismo y parásitos en el estalinismo, eran destinados a campos de concentración eliminatorios. Los iguales eran tratados conforme a la legislación penal de la que se ocupan los manuales de la época.</p>
<p>(b) En los países de la Unión Europea, tampoco los extraños son tratados como los iguales. Casi todas las legislaciones reconocen medidas de seguridad para extraños, que reemplazan a las viejas penas de relegación para los que parecen incurrir en una conducta de vida indeseable. Los criminales graves reciben penas largas, aunque no se llega a la eliminación. Los disidentes son tratados con mayor consideración, debido a la tolerancia y pluralismo social. Aunque no desaparece totalmente la diversidad de represiones, la escisión entre criminales graves, disidentes y extraño, por un lado, e iguales por el otro, se atenúa en gran medida.</p>
<p>(c) La represión montada en los Estados Unidos en las últimas décadas –y que se aparta de su tradición anterior- configura un modelo premoderno realizado con alta tecnología y recursos financieros ilimitados. La represión diferencial se acentúa como en los modelos preindustriales: los criminales graves son eliminados por muerte o reclusión perpetua; los extraños y disidentes son sometidos a eliminación con penas larguísimas, perpetuas o indeterminadas (three strikes out); la población penal dominante, en número absurdamente alto, pertenece a minorías afro o latinoamericana y se la condena mediante el forzamiento a la negociación. Los iguales son tratados con la legislación penal explicada en los manuales. La legislación penal antiterrorista (ley patriótica) cancela garantías constitucionales. Es el único país de América en el que se sigue prodigando la pena de muerte<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote18anc" href="#sdfootnote18sym"><sup>18</sup></a> y que mantiene una población penal que se cuantifica por millones, sostenida por una publicidad vindicativa völkisch que se extiende por todo el planeta, al tiempo que comienza a legalizar un sistema penal paralelo para terroristas.</p>
<p>(d) Las dictaduras de seguridad nacional latinoamericanas aplicaron penas eliminatorias para los criminales graves (reclusión perpetua, en mucha menor medida pena de muerte formal), medidas eliminatorias para los molestos o ejecuciones policiales sin proceso, pero establecieron dos sistemas penales para los disidentes: un sistema penal paralelo que los eliminaba mediante detenciones administrativas ilimitadas (invocando estado de sitio o de guerra), y otro sistema penal subterráneo, que procedía a la eliminación directa por muerte y desaparición forzada, sin proceso alguno<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote19anc" href="#sdfootnote19sym"><sup>19</sup></a>.</p>
<p>(e) En la actualidad la represión latinoamericana de los criminales graves se lleva a cabo con reclusiones perpetuas, los molestos siguen siendo eliminados con medidas administrativas, penas desproporcionadas (para reincidentes) e internación en cárceles donde se reconocen altísimos índices de violencia, mortalidad y morbilidad, o sea, con alta probabilidad de eliminación física, sin que hayan desaparecido las ejecuciones policiales y parapoliciales sin proceso. Los disidentes son tolerados en mayor medida, aunque aumenta la represión a la protesta social. Los iguales suelen gozar de los beneficios y garantías de los manuales, especialmente la excarcelación durante el proceso, que en la práctica es casi un indulto, toda vez que cerca de tres cuartas partes de la población penal no está condenada.</p>
<p>Con lo reseñado verificamos, (a) por un lado, que siempre se reprimió y controló de modo diferente a los iguales y a los extraños, (b) por otro, que cuanto más abierta, igualitaria y tolerante es una sociedad, las diferencias de trato represivo entre iguales y extraños se atenúan, como sucede en los países de la Unión Europea. (c) Además, los marbetes han recaído sobre estereotipos muy diferentes, según la emergencia invocada, o sea, que la calidad de extraño se repartió con notoria arbitrariedad. Dicho en otros términos: ¿Quién individualizó siempre al enemigo o extraño? El poder coyuntural. ¿Cómo lo hizo? Como le convino. ¿A quién le aplicó la etiqueta? A quien lo enfrentaba o molestaba, real, imaginaria o potencialmente. Como veremos al ocuparnos de la ciencia política, existe una corriente que ante esta verificación se entusiasma con que así sea, considerando que toda otra posición es una tentativa judía de socavar la potencia del estado<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote20anc" href="#sdfootnote20sym"><sup>20</sup></a>.</p>
<p><strong>4. El saber jurídico penal del enemigo</strong></p>
<p>Con la abierta vuelta al inquisitivo operada por el positivismo criminológico, se teorizó todo el derecho penal como derecho administrativo y todas las penas como medidas de coerción directa frente a peligros. El principio inquisitorio, en definitiva, acaba con el derecho penal y lo disuelve en el administrativo. Cuatro siglos después del Malleus, el positivismo criminológico, con el mismo esquema integrado de criminología etiológica, derecho penal, procesal penal y criminalística, volvió desembozadamente al sistema inquisitivo. El extraño, tanto el criminal grave como el disidente<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote21anc" href="#sdfootnote21sym"><sup>21</sup></a>, volvió a ser biológicamente inferior, no en razón de género como en el caso de las brujas<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote22anc" href="#sdfootnote22sym"><sup>22</sup></a>, sino por patológico o perteneciente a una raza no suficientemente evolucionada (es un colonizado nacido por accidente en Europa<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote23anc" href="#sdfootnote23sym"><sup>23</sup></a>) o por ser un degenerado (producto involutivo de una raza superior)<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote24anc" href="#sdfootnote24sym"><sup>24</sup></a>. La pena desapareció, reemplazada por medidas administrativas de coerción directa destinadas a contener el peligro que los infractores presentaban para la sociedad. Los jueces asumían la función de policías (como en el Malleus) y, por supuesto, los extraños (reconocibles por el estereotipo) resultaban mucho más peligrosos que los iguales y, dada su inferioridad inmodificable, sólo cabía eliminarlos. El planteo teórico cancelaba el viejo trato diferencial de matriz hegeliana, los iguales también eran sometidos a medidas policiales, sólo que las destinadas a los extraños eran eliminatorias.</p>
<p>Las expresiones más groseras de esta peligrosidad pertenecen a Rafael Garofalo, quien afirmaba que la ciencia penal tiene por objeto la defensa contra los enemigos naturales de la sociedad <a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote25anc" href="#sdfootnote25sym"><sup>25</sup></a> y que la indulgencia de los magistrados no es más que el triunfo de la lógica conseguido a expensas de la seguridad y moralidad sociales<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote26anc" href="#sdfootnote26sym"><sup>26</sup></a>. A los ojos del pueblo –escribía, en lo que parece el mejor tono de la publicidad vindicativa de comienzos del siglo XXI- los códigos, los procedimientos y el mismo Poder Judicial, parece que se han puesto de acuerdo para proteger al criminal contra la sociedad, más bien que a la sociedad contra el criminal<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote27anc" href="#sdfootnote27sym"><sup>27</sup></a>. Como seguidor de Spencer<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote28anc" href="#sdfootnote28sym"><sup>28</sup></a>, afirmaba que la sociedad debe producir un equivalente a la selección natural de Darwin<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote29anc" href="#sdfootnote29sym"><sup>29</sup></a> y, por ende, los enemigos deben eliminarse, pues mediante una matanza en el campo de batalla la nación se defiende contra sus enemigos exteriores; mediante una ejecución capital, de sus enemigos interiores<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote30anc" href="#sdfootnote30sym"><sup>30</sup></a>.</p>
<p>Los enemigos no se agotaban en los criminales graves, sino que abarcaba a los molestos (pequeños ladrones, prostitutas, homosexuales, ebrios, vagabundos, jugadores, etc.), caracterizados como clases peligrosas<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote31anc" href="#sdfootnote31sym"><sup>31</sup></a>, luego bautizadas como mala vida y objeto de literatura con pretensiones de trabajos de campo<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote32anc" href="#sdfootnote32sym"><sup>32</sup></a>. Para ellos destinaban penas sin delito (medidas detentivas policiales ilimitadas<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote33anc" href="#sdfootnote33sym"><sup>33</sup></a>).</p>
<p>La elaboración más extrema del tema del trato penal diferencial al extraño o enemigo la llevó a cabo Edmund Mezger<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote34anc" href="#sdfootnote34sym"><sup>34</sup></a>, quien participó junto a Franz Exner en la elaboración de un proyecto sobre extraños a la comunidad (Gemeinschaftsfremde), destinado a eliminarlos en los campos de concentración y que, por cierto, eran los mismos que para los positivistas configuraban la mala vida e incurrían en peligrosidad sin delito<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote35anc" href="#sdfootnote35sym"><sup>35</sup></a>.</p>
<p>Mezger usó indistintamente los conceptos de enemistad al derecho (Rechtsfeindlichkeit) y de ceguera al derecho (Rechtsblindheit), refiriéndose a una actitud que no está de acuerdo con la sana intuición del pueblo sobre lo justo y lo injusto, de modo que, bajo condiciones normales, no deba disculpar, sino por el contrario, configurar el fundamento de la punición<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote36anc" href="#sdfootnote36sym"><sup>36</sup></a>. Los ejemplos terroríficos de esta enemistad eran los ultrajes a la raza (relaciones sexuales entre alemanes y judíos, penadas con muerte), el aborto y la sodomía<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote37anc" href="#sdfootnote37sym"><sup>37</sup></a>. El extraño a la comunidad era quien por su personalidad o por su forma de conducción de vida, especialmente por sus extraordinarios defectos de comprensión o de carácter sea incapaz de cumplir con sus propias fuerzas las exigencias mínimas de la comunidad del pueblo<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote38anc" href="#sdfootnote38sym"><sup>38</sup></a>. De esta definición se deduce que los extraños eran los molestos de la mala vida positivista.</p>
<p><strong>5. El enemigo, extraño u hostis en la teoría política</strong></p>
<p>El derecho penal tradicional se limitó a discutir si el tratamiento penal diferenciado de los enemigos o extraños, destinado a la neutralización del peligro que representan, es materia del propio derecho penal o del derecho administrativo (policial) y a decidir la entidad de la neutralización (desde las medidas de seguridad de Stooss hasta la eliminación genocida de Mezger). Con ello presupuso que era políticamente admisible la categoría del extraño proveniente del derecho romano, donde el extranjero, el extraño, el enemigo, el hostis, era el que carecía de derechos en absoluto, que estaba fuera de la comunidad<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote39anc" href="#sdfootnote39sym"><sup>39</sup></a>. La pena máxima era la expulsión de la comunidad, el exilio, justamente por dejar al sujeto en la situación de extranjero, extraño, enemigo, privado de todo derecho<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote40anc" href="#sdfootnote40sym"><sup>40</sup></a>.</p>
<p>(b) Por mucho que maticemos la idea, cuando distinguimos entre ciudadanos (personas) y enemigos (no personas), nos estamos refiriendo a humanos que son privados de ciertos derechos individuales<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote41anc" href="#sdfootnote41sym"><sup>41</sup></a>. La pregunta política, o sea, el Kernel de la cuestión, consiste en determinar si es política y jurídicamente admisible una versión actualizada del concepto de “hostis” del derecho romano.</p>
<p>El debate actual en torno del derecho penal del enemigo propuesto por Jakobs se hace referencia a otras explicaciones de la represivización actual, como el derecho penal simbólico, la expansión del derecho penal, el derecho penal a varias velocidades, etc., y se critica la tesis de este autor sosteniendo que se trata de introducir un derecho penal de autor<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote42anc" href="#sdfootnote42sym"><sup>42</sup></a>. Pero lo cierto es que la única forma de admitir un derecho penal del enemigo realmente limitado a los enemigos sería como un extremo derecho penal de autor, o sea, limitado a un grupo de personas identificables incluso por características físicas, pues de lo contrario, lo que se discute no es si se puede tratar a algunos extraños de manera diferenciada, sino si el estado de derecho puede limitar las garantías y libertades de todos los ciudadanos.</p>
<p>Por ende, la discusión es claramente política: primero, si es admisible en el estado de derecho la categoría de enemigo u hostis romano y, segundo, si en base a ella se pueden limitar los derechos y garantías de todos los habitantes. Estas preguntas políticas no son independientes, pues descartando que el hostis se refiera a un grupo étnicamente diferenciado, su admisión importa una limitación a la libertad ciudadana. Es decir que el tratamiento penal diferenciado del hostis implica una lesión a los límites del estado respecto del ciudadano, o sea, que es un tratamiento más represivo para todos, lo que se compagina mucho más con el estado absoluto que con el estado de derecho.</p>
<p>La confrontación en el pensamiento político se produce entre Hobbes y Locke. Partiendo de que el ser humano desarrolla sus facultades por su deseo de poder<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote43anc" href="#sdfootnote43sym"><sup>43</sup></a>, Hobbes entiende que la competición, la desconfianza y el deseo de guerra son las causas de las disputas, que en estado de naturaleza determinan un estado de guerra permanente<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote44anc" href="#sdfootnote44sym"><sup>44</sup></a>, en el que no hay derechos, pues cada uno tiene lo que puede obtener, y tampoco hay juicios morales. Para poner fin a este estado los humanos celebran el contrato social, por el cual entregan todo el poder al soberano, que no es parte del contrato, pues éste se celebra entre los súbditos<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote45anc" href="#sdfootnote45sym"><sup>45</sup></a>. Como esta soberanía es lo único que puede contener la guerra, no puede ser parcial: la soberanía debe ser total. Mal puede retener un derecho el súbdito, porque antes de la soberanía no hay derechos.</p>
<p>Hobbes no admite la resistencia al soberano, que importaría reintroducir el bellum omnium contra omnes, la guerra de todos contra todos, y precisamente por eso, quien resiste el poder del soberano no es penado, sino sometido a contención forzada, porque no es un delincuente sino un enemigo<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote46anc" href="#sdfootnote46sym"><sup>46</sup></a> que, con su resistencia, reintroduce la guerra. Por grave que sea un delito, su autor no es un enemigo, pero quien resiste al soberano es el enemigo, porque se vuelve extraño o extranjero al salir del contrato con su propio acto de resistencia.</p>
<p>El pensamiento que se opone a esta idea de estado absoluto de Hobbes es el de Locke, para quien en el estado de naturaleza existe una ley natural y, por lo tanto, existen derechos<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote47anc" href="#sdfootnote47sym"><sup>47</sup></a>. La metáfora contractualista de Locke es mucho más realista que la de Hobbes, pues está implícito que la sociedad civil es anterior al estado, de lo que algunos deducen que presupone dos contratos. Lo cierto es que una vez constituida la sociedad civil, la mayoría decide el contrato estatal y, por ende, no puede ceder en éste todos los derechos, sino sólo lo necesario para la conservación y perfeccionamiento de esos derechos. La resistencia legítima que derroca al soberano, para Locke no disuelve la sociedad civil, como lo pretende Hobbes. Para Locke, como crítico de la monarquía absoluta, quien realiza un acto de resistencia legítimo reclamando el respeto de derechos anteriores al contrato estatal, es un ciudadano que ejerce su derecho; para Hobbes, como defensor del estado absoluto, es un enemigo al que es menester contener con fuerza ilimitada, sin respetar siquiera los márgenes de la pena, porque ha dejado de ser un súbdito. Quien para Locke ejerce el derecho de resistencia a la opresión es para Hobbes un enemigo peor que un criminal. Para Locke, el soberano que abusa del poder pierde su condición de tal y pasa a ser una persona más; para Hobbes es el súbdito que resiste el abuso de poder del soberano quien pierde su condición y pasa a ser un enemigo.</p>
<p>Kant, por su parte, seguía la tradición de Hobbes y negaba el derecho de resistencia a la opresión, pues la destrucción del estado implicaba la pérdida de la garantía externa del imperativo categórico y, por ende, la vuelta al estado de naturaleza y a la guerra de todos contra todos<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote48anc" href="#sdfootnote48sym"><sup>48</sup></a>.</p>
<p>En la misma línea de Locke, Feuerbach respondió a Kant en 1798 publicando su Anti-Hobbes<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote49anc" href="#sdfootnote49sym"><sup>49</sup></a>que, en rigor de verdad, fue un Anti-Kant<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote50anc" href="#sdfootnote50sym"><sup>50</sup></a>. Feuerbach defiende los derechos anteriores al contrato, afirmando que en el estado natural también existen derechos, como existe ante la razón el derecho a la libertad del africano vendido como esclavo, aunque no pueda ejercerlo porque la fuerza se lo impida. Para Feuerbach, el soberano es parte del contrato y por éste se le cede el derecho a escoger los medios para realizar sus fines. La disidencia respecto de las decisiones políticas no puede fundar ningún derecho de resistencia, que sólo aparece cuando el soberano actúa contra la sociedad civil y pretende volverla al estado de naturaleza. Por apartarse de los fines asignados por el contrato a la soberanía, entiende que el soberano pierde su carácter de tal y, por ende, la resistencia no es contra el soberano sino contra un particular con poder. No hay derecho de resistencia al soberano, sino a quien ha dejado de serlo por apartarse de los fines que en el contrato se le asignan al ejercicio de la soberanía. De no admitirse esta resistencia, se caería en la contradicción de sostener que el contrato impone el deber de obedecer a quien quiere destruir la sociedad.</p>
<p>Creemos que queda claramente demostrado que la cuestión del enemigo pasa por una contraposición entre el estado absoluto y el estado liberal, entre Hobbes y Locke primero y entre Kant y Feuerbach después, cuya clave se halla en el derecho de resistencia a la opresión, que los partidarios del estado absoluto no sólo niegan, sino que asignan el carácter de enemigo a quien pretende ejercerlo.</p>
<p>La tesis de Hobbes presenta dos contradicciones importantes que pueden resumirse en una, y que no han pasado por alto a los pensadores posteriores. La primera es la que le señaló la crítica liberal, o sea, nuestro Anselm von Feuerbach, y a la que acabamos de referirnos: si es el propio soberano quien reintroduce el bellum omnium contra omnes, resulta absurdo que los ciudadanos deban permanecer asistiendo impasibles a la destrucción social. En este sentido su estado resulta demasiado absoluto. Pero en otro sentido, también el estado de Hobbes es poco absoluto y con ello cae también en otra contradicción que le ha señalado la crítica autoritaria: Hobbes escribía bajo la impresión de las guerras religiosas y se detenía ante el fuero interno, distinguía entre lo privado y lo público, su Leviatán llegaba hasta el límite de lo privado pero no penetraba en él. En la cuestión de la fe en los milagros<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote51anc" href="#sdfootnote51sym"><sup>51</sup></a>, el soberano decide en qué milagros se debe creer, pero se refiere al culto público, no al fuero interno. La fe es una cuestión íntima, su profesión es pública, y en la primera el Leviatán no entra.</p>
<p>Carl Schmitt, el más penetrante teórico reaccionario del siglo pasado, advirtió en 1938 que esto resultó ser el germen mortal que destruyó desde adentro al poderoso Leviatán y mató al dios mortal. Ya pocos años después de la publicación –agrega en referencia a Spinoza- cayó la mirada del primer judío liberal sobre la fisura apenas visible<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote52anc" href="#sdfootnote52sym"><sup>52</sup></a>. Delira luego Schmitt afirmando que prácticamente toda la distinción entre moral y derecho -la conquista más preciada de la civilización europea<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote53anc" href="#sdfootnote53sym"><sup>53</sup></a>- desde Christian Thomasius en adelante, pasando por Kant, son subterfugios judíos para minar y socavar la potencia del estado como el mejor medio para paralizar a los pueblos extraños y para emancipar al propio pueblo judío<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote54anc" href="#sdfootnote54sym"><sup>54</sup></a>. Pero el delirio nazista no debe ocultarnos la verdad de la contradicción señalada: si el soberano no puede entrometerse en el fuero interno, cuando lo haga no queda otra alternativa que reconocer que nace un derecho de resistencia del súbdito. Más aún: puede pensarse que al hacerlo reintroduce la guerra religiosa y con ella el bellum omnium contra omnes y –por curiosa paradoja- la contradicción señalada por el absolutismo coincidiría con la del liberalismo, pues en tal caso el soberano perdería legitimidad, dejaría de ser soberano por violar su función, por más que Hobbes lo considere ajeno al contrato. Schmitt se percata de que la tesis de Feuerbach podría ser sostenida por el mismo Hobbes, pero la minimiza, considerando a Feuerbach poco más que un joven petulante y esquivando la respuesta mediante el recurso a criticar la teoría de la coerción psicológica<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote55anc" href="#sdfootnote55sym"><sup>55</sup></a>, que por cierto es la menos afortunada de las tesis del genial Feuerbach, olvidando que la contradicción de un pensamiento no se responde con otra contradicción del pensamiento del crítico.</p>
<p>Pero la crítica política de Schmitt a Hobbes, pese a haber sido un heredero de su pensamiento<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote56anc" href="#sdfootnote56sym"><sup>56</sup></a>, es certera desde el punto de vista autoritario y, además, es el necesario punto de partida para toda su concepción del enemigo, siendo el único que la desarrolló coherentemente hasta sus últimas consecuencias<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote57anc" href="#sdfootnote57sym"><sup>57</sup></a>. No por la brutalidad de éstas debe negársele la coherencia, sino todo lo contrario: creemos que, justamente, la formidable coherencia de Schmitt demuestra que la tesis del enemigo en el campo de la ciencia política acaba necesariamente en sus conclusiones.</p>
<p>El enemigo hobbesiano no podía ser quien se limitase a actuar como tal, a resistir exteriormente al soberano, sino que, para ser coherente con la tesis del estado absoluto, debía ser quien con su pensamiento o su fe resistiese el modo impuesto por el soberano. Si la obediencia debía ser externa e interna, también la enemistad podía ser tanto desobediencia externa como interna.</p>
<p>A partir de esto, la disyuntiva es clara: para el liberalismo sólo hay infractores (iguales); para el absolutismo no sólo hay infractores o delincuentes (iguales), sino también enemigos en guerra (extraños). La función de la política liberal sería la de garantizar la paz entre los ciudadanos (todos iguales) sancionando a los infractores según la gravedad de la infracción; la función de la política absolutista sería también garantizar la paz entre los ciudadanos (iguales), pero para eso sería necesario neutralizar a los enemigos (extraños) con la guerra y la sanción a los infractores pasaría a ser una cuestión menor. Sin la neutralización de los enemigos (extraños) con la guerra no podría haber paz entre los ciudadanos (iguales): si el estado pierde la guerra no puede garantizar su paz interior, y el estado siempre tiene enemigos (extraños) que le hacen la guerra y contra los que no tiene otro remedio que responderles con la guerra. Frente al enemigo en la guerra no hay un límite impuesto por la humanidad, porque ésta no tiene enemigos. Podría haber suscripto la elocuente afirmación de Joseph de Maistre –otro reaccionario coherente y precursor- cuando decía que no hay algo como el “hombre” en el mundo; he visto durante mi vida franceses, italianos, rusos, etc., pero en lo que al “hombre” concierne, declaro que nunca en mi vida lo he encontrado y si existe, me es desconocido<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote58anc" href="#sdfootnote58sym"><sup>58</sup></a>. De allí que Schmitt afirme que toda invocación de la humanidad sea falsa y sospechosa de manipulación, porque cualquier límite al poder del soberano frente al enemigo acaba con el concepto mismo de enemigo, debilita al estado y le impide garantizar la paz entre los ciudadanos. La idea romana del enemigo, del hostis, no admite medias tintas, ni siquiera el límite del fuero interno impuesto por Hobbes, porque abre el camino de la resistencia al soberano y con ello impide el ejercicio de la soberanía en la guerra.</p>
<p>El razonamiento que admite la distinción entre ciudadanos y enemigos, debe presuponer una guerra (pues sin ella no hay enemigos) y que ésta es prácticamente permanente, pues de las guerras excepcionales se ocupa el derecho militar y de guerra y no el derecho penal o el administrativo ordinario. Partiendo de esta premisa, debe concluirse, como lo hace Schmitt, que la esencia de lo político, o sea, la que equivalga a bueno y malo en moral, a bello y feo en estética, a rentable y no rentable en economía (pues de no hallarse esta esencia, lo político carecería de autonomía) consiste en la distinción amigo/enemigo: la específica distinción política a la cual es posible referir las acciones y los motivos políticos es la distinción de amigo y enemigo<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote59anc" href="#sdfootnote59sym"><sup>59</sup></a>. Ello es coherente, pues si se admite una guerra permanente, la esencial función de la política no podría ser otra que ocuparse en ella.</p>
<p>La coronación del pensamiento de Schmitt, al señalar de este modo la esencia de la política, es que no existe política liberal, sino sólo crítica liberal de la política. En consecuencia, el derecho penal liberal no pasaría de ser una crítica al derecho penal autoritario (del enemigo), o sea, una sucesión de discursos que criticaron los sucesivos discursos de derecho penal del enemigo, pero en realidad sería una ilusión. Debe reconocérsele el mérito de ser el más formidable y coherente esfuerzo desprejuiciado para negar la dialéctica entre el estado de policía y el estado de derecho, pretendiendo reducir este último a una molesta y hueca ilusión perturbadora y dotando sólo de realidad al primero.</p>
<p>Afirma Schmitt en esta línea que la distinción amigo/enemigo indica el extremo grado de intensidad de una unión o de una separación, de una asociación o de una disociación, sin apelar a ninguna otra distinción ni basarse en ellas. No importa que el enemigo sea bueno o malo, bello o feo, lo que interesa es que el enemigo es simplemente el otro, el extranjero<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote60anc" href="#sdfootnote60sym"><sup>60</sup></a>y basta a su esencia que sea existencialmente, en un sentido particularmente intensivo, algo otro o extranjero, de modo que en el caso extremo sean posibles con él conflictos que no puedan ser decididos ni a través de un sistema de normas preestablecidas ni mediante la intervención de un tercero descomprometido y por eso imparcial <a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote61anc" href="#sdfootnote61sym"><sup>61</sup></a>.</p>
<p>¿Quién decide quién o quiénes son los enemigos? La respuesta de Schmitt no puede ser otra: el político, o sea, el soberano. En caso de conflicto extremo, es el soberano (político) quien decide si la alteridad del extraño en el conflicto concretamente existente significa la negación del modo propio de existencia y si por ello es necesario defenderse y combatir, para preservar el propio, peculiar, modo de vida<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote62anc" href="#sdfootnote62sym"><sup>62</sup></a>.</p>
<p>Esto significa que en las emergencias, el poder de defender la Constitución corresponde al ejecutivo y no al judicial, considerado por Schmitt un poder burocrático, útil en la normalidad pero no en la emergencia<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote63anc" href="#sdfootnote63sym"><sup>63</sup></a>. De allí que cuando se trate de la defensa de la propia Constitución, el soberano está habilitado para cancelar todos los límites y garantías, sin control alguno del judicial, lo que explica sosteniendo que la Constitución es un conjunto de leyes y que unas tienen prioridad sobre otras: el principio republicano, por ejemplo, es prioritario y, por ende, para salvarlo, se pueden suspender todas las garantías y derechos<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote64anc" href="#sdfootnote64sym"><sup>64</sup></a>.</p>
<p>El concepto romano del hostis sólo puede ser coherentemente sostenido, en un pensamiento que lleve a las consecuencias políticas señaladas por Schmitt. Puede argumentarse que incluso la guerra tiene limitaciones jurídicas, lo que sin duda es cierto. Pero cuando se habla del hostis como enemigo introducido en el derecho penal o administrativo “normal” o “permanente”, no estamos haciendo referencia a la guerra del derecho de Ginebra. Por el contrario: estamos introduciendo un concepto espurio o particular de guerra permanente, de guerra irregular, lo que tampoco pasó por alto Schmitt. Con esa idea del hostis, como enemigo en una guerra irregular y permanente, se acaba en la guerra sucia de la doctrina de la seguridad nacional, según la cual no deben respetarse las reglas de la guerra regular en la irregular<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote65anc" href="#sdfootnote65sym"><sup>65</sup></a>, cuyo origen se halla en los franceses de Argelia y en la propia teorización de Schmitt, quien no en vano se ocupó de ella, pretendiendo hallar sus primeras manifestaciones en la resistencia española a la invasión napoleónica y reivindicando al general Raoul Salan<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote66anc" href="#sdfootnote66sym"><sup>66</sup></a>.</p>
<p>La pretensión de introducir al enemigo u hostis en el derecho ordinario penal o administrativo en forma matizada o limitada, no invalida la afirmación de que la única introducción coherente del concepto es la de Carl Schmitt, porque justamente en ello radica la contradicción que Schmitt le señalaba a Hobbes: si admitimos la existencia del enemigo pero ponemos límites a su señalización, no podemos negar que cuando el poder definidor excede esos límites surge un derecho de resistencia por parte del ciudadano que es arbitrariamente señalado como enemigo y con ello debilitamos al estado en guerra, lo que no es admisible.</p>
<p>Por supuesto que se argumentará que existe un estado de derecho y que éste tiene instituciones y controles que impiden la arbitraria señalización de enemigos. Es verdad, pero al limitar las libertades de todos para poder individualizar con eficacia a los enemigos, se estrecha la posibilidad de defensa de los ciudadanos ante esos mismos organismos, pues por definición estamos neutralizando -o por lo menos debilitando- los controles del estado de derecho.</p>
<p>Por otra parte, el concepto de enemigo u hostis provee al soberano y a la publicidad masiva un argumento deslegitimante de las instituciones y controles que les permite estigmatizarlas como obstáculos antipatrióticos, burocracias inútiles y ciegas, ideólogos encubridores de los enemigos, idiotas útiles y, en definitiva, traidores en la guerra. Casi todos los golpes de estado latinoamericanos emitieron proclamas racionalizadoras de su delito invocando la necesidad de defender la Constitución que ellos mismos violaban o aniquilaban. Por ello, la admisión jurídica del concepto de enemigo en el derecho que no es estrictamente de guerra es, lógica e históricamente, el germen o primer síntoma de la destrucción autoritaria del estado de derecho.</p>
<p><strong>6. Algunas conclusiones</strong></p>
<p>Hemos recorrido la historia del poder punitivo y del derecho penal y terminamos en la cuestión política de fondo. Podemos formular algunas reflexiones conclusivas, aunque la cuestión no tiene conclusión, pues se trata de un formidable problema político.</p>
<p>1. En principio, la propuesta del Profesor de Bonn no es novedosa en la teorización de la política criminal, pues fue sostenida mucho antes y es casi reiterativa.</p>
<p>2. La reacción que provoca –además de la sinceridad con que se la expone- es producto de la actual situación de poder mundial, que la hace mucho más peligrosa porque puede facilitar el camino hacia una regresión en la realización del programa universal de Derechos Humanos.</p>
<p>3. El poder punitivo y las legislaciones penales de todos los tiempos distinguieron entre iguales y extraños, o sea que siempre hubo una categoría de infractores a los que se eliminaba: primero por muerte o por deportación y galeras; luego por penas perpetuas y por penas de segregación indeterminadas; por fin, se inventaron las medidas de seguridad como neutralización de los extraños.</p>
<p>4. El derecho penal se hartó de teorizar la diferencia entre corregibles e incorregibles, iguales y extraños, al punto de confesar abiertamente que inventa las medidas de seguridad porque no puede aplicar la pena de muerte ni deportar.</p>
<p>5. Dado que los extraños no son individualizables por rasgos físicos, la cuestión no se limita a reducir las garantías y libertades de los terroristas y otros patibularios, sino que la cuestión a dilucidar es si se pueden limitar las libertades y garantías de los ciudadanos para individualizar más eficazmente a los enemigos, incluso asumiendo el riesgo de considerar enemigo a algún ciudadano.</p>
<p>6. La discusión sobre si la represión de los extraños debe ser penal o administrativa presupone la admisión política de la categoría de enemigos, que es lo que se debe discutir con total claridad.</p>
<p>7. Si además de los ciudadanos existen los enemigos es porque hay guerra y en tal caso no se puede admitir ninguna resistencia al soberano y, por ende, no se le pueden poner limitaciones en la individualización y contención de los enemigos.</p>
<p>8. Cualquier limitación a la señalización y contención del enemigo importa el reconocimiento de un derecho de resistencia, y si existen enemigos y guerra permanente, el único modelo de estado posible es el estado absoluto.</p>
<p>9. Admitida la existencia de enemigos y guerra en forma permanente, las limitaciones del estado de derecho son un obstáculo para la eficaz neutralización de éstos.</p>
<p>10. Cuando se confunden los momentos bélico y político la guerra se vuelve permanente y desaparecen las limitaciones de la guerra extraordinaria, dando lugar a la tesis de la guerra sucia.</p>
<p>11. No es posible evitar esta consecuencia sin distinguir nítidamente el momento político (en que sólo puede haber ciudadanos infractores) y el momento bélico (en que aparecen los enemigos).</p>
<p>12. La admisión de la categoría jurídica del enemigo en el derecho ordinario (penal y/o administrativo) introduce el germen de la destrucción del estado de derecho, porque sus instituciones limitantes y controladoras pasan a ser un obstáculo para la eficacia eliminatoria: quien estorba en la guerra es un traidor.</p>
<p class="right">Departamento de Derecho Penal y Criminología<br />
Facultad de Derecho y Ciencias Sociales<br />
Universidad de Buenos Aires<br />
Julio de 2005.</p>
<p>(Por cuestiones de espacio, el presente artículo resumió algunos puntos de la versión original del texto, con acuerdo del autor).</p>
<p><strong>Notas</strong></p>
<div id="sdfootnote1">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote1sym" href="#sdfootnote1anc">1</a> Hace tiempo comenzamos a trabajar sobre el “derecho penal del enemigo”. Durante el año 2004 hemos elaborado dos artículos en curso de publicación: “De Satán al autoritarismo penal <em>cool</em>” y “¿Es posible un derecho penal del enemigo no autoritario?”. Seguimos trabajando el tema hasta formular en este escrito el esquema de un libro en preparación, por lo que podrán observarse reiteraciones de aspectos ya considerados junto a otros nuevos, especialmente en cuanto a teoría política. Dedicamos este esquema a la entrañable memoria de nuestro amigo, el Prof. Dr. Alfonso Reyes Echandía, Presidente de la Corte Suprema de Colombia, cuya voz de negociación y su vida fueron devoradas por la violencia irracional.</p>
</div>
<div id="sdfootnote2">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote2sym" href="#sdfootnote2anc">2</a> Émile de Girardin, el abolicionista de fines del segundo imperio, sostenía que la pena de muerte era la última que debía desaparecer (<em>Du droit de punir</em>, París, 1871).</p>
</div>
<div id="sdfootnote3">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote3sym" href="#sdfootnote3anc">3</a> Formula una breve referencia al tema en <em>La ciencia del derecho penal ante las exigencias del presente</em>, trad. de Teresa Manso Porto, en “Revista Peruana de Ciencias Penales”, año VII-VIII edición especial nº 12, y especialmente en <em>Bürgerstrafrecht und Feindstrafrecht</em>, en HRRS, marzo de 2004, trad. castellana en Günther Jakobs/Manuel Cancio Meliá, <em>Derecho Penal del enemigo</em>, Cuadernos Civitas, Madrid, 2003.</p>
</div>
<div id="sdfootnote4">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote4sym" href="#sdfootnote4anc">4</a> Entre muchas, Albin Eser, en Eser/Hassemer/Burkhardt, <em>La ciencia del derecho penal ante el nuevo milenio</em> (Francisco Muñoz Conde, coordinador), Valencia, 2004, p. 472. También entre muchas, Lúcio Antônio Chamon Junior, <em>Do giro finalista ao funcionalismo penal, Embates de perspectivas dogmáticas decadentes</em>, Porto Alegre, 2004.</p>
</div>
<div id="sdfootnote5">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote5sym" href="#sdfootnote5anc">5</a> Nos referimos a <em>crímenes de destrucción masiva e indiscriminada</em> y no a <em>terrorismo</em>, que es una expresión jurídicamente nebulosa.</p>
</div>
<div id="sdfootnote6">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote6sym" href="#sdfootnote6anc">6</a> En esto no se agotan los equívocos, pues podríamos incluso agregar alguna otra frase que use el mismo sujeto gramatical para designar a la jurisprudencia de los tribunales penales o constitucionales, por ejemplo, y hasta pensar en otra que con la misma expresión miente el reflejo del poder punitivo en el imaginario público.</p>
</div>
<div id="sdfootnote7">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote7sym" href="#sdfootnote7anc">7</a> Esta contraposición puede remontarse a Franz von Liszt; sobre ello, Claus Roxin, <em>Kriminalpolitik und Strafrechtssystem</em>, p. 2.</p>
</div>
<div id="sdfootnote8">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote8sym" href="#sdfootnote8anc">8</a> A. Merkl, <em>Teoría general del derecho administrativo</em>, México, pp. 325 y ss.</p>
</div>
<div id="sdfootnote9">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote9sym" href="#sdfootnote9anc">9</a> Amplia investigación sobre estos prejuicios en Norman Cohn, <em>Los demonios familiares de Europa</em>, Madrid, 1980. Ver las voces “fascinación” y “maleficia”, en Rossell Hope Robbins, <em>Enciclopedia de la brujería y demonología</em>, Madrid, 1988.</p>
</div>
<div id="sdfootnote10">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote10sym" href="#sdfootnote10anc">10</a> Y, en buena medida, vigente hasta la actualidad. Sobre ello, la pormenorizada investigación de James A. Brundage, <em>La ley, el sexo y la sociedad cristiana en la Europa Medieval</em>, México, 2000.</p>
</div>
<div id="sdfootnote11">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote11sym" href="#sdfootnote11anc">11</a> V. por ej., Walter Rodney, <em>De cómo Europa subdesarrolló a África</em>, México, 1982.</p>
</div>
<div id="sdfootnote12">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote12sym" href="#sdfootnote12anc">12</a> V. Maurice Niveau, <em>Historia de los hechos económicos contemporáneos</em>, Barcelona, 1977.</p>
</div>
<div id="sdfootnote13">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote13sym" href="#sdfootnote13anc">13</a> Se imponía administrativamente mediante las <em>leyes de leva</em>, siendo las primeras <em>medidas de seguridad</em> coloniales y posteriores a la independencia.</p>
</div>
<div id="sdfootnote14">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote14sym" href="#sdfootnote14anc">14</a> Sobre la mortalidad en las prisiones españolas, Rafael Salillas, <em>La vida penal en España</em>, Madrid, 1888, p.54 y ss.; en Francia, Pedro Kropotkine, <em>Las prisiones</em>, trad. de La Juventud Literaria, Bs. As., s.d. (1900 <em>circa</em>); Michel Bourdet-Pléville, <em>Galeotes, forzados y penados</em>, Barcelona, 1963, pp. 101 y ss.; Jacques-Guy Petit, <em>Ces peines obscures, La prison pénale en France 1780-1875</em>, París, 1990.</p>
</div>
<div id="sdfootnote15">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote15sym" href="#sdfootnote15anc">15</a> Formalmente en prisiones preventivas, sobre lo que Concepción Arenal escribía en 1877: “Imponer a un hombre una grave pena, como es la privación de la libertad, una mancha en su honra, como es la de haber estado en la cárcel, y esto sin haberle probado que es culpable y con la probabilidad de que sea inocente, es cosa que dista mucho de la justicia” (<em>Estudios Penitenciarios</em>, Madrid, 1877, p. 12).</p>
</div>
<div id="sdfootnote16">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote16sym" href="#sdfootnote16anc">16</a> Sobre la deportación inglesa en Australia, Robert Hughes, <em>La costa fatídica</em>, Barcelona, 1989; sobre la deportación francesa: Édouard Teisseire, <em>La transportation pénale et la relégation d’après les Lois du 30. </em><em>Mai 1854 et 27.Mai 1885</em>, París, 1893  C. O. Barbaroux, <em>De la transportation</em>, París, 1857  Michel Bourdet-Pléville, <em>Galeotes, forzados y penados</em>, cit.  H. Donnedieu de Vabres, <em>A Justiça penal hoje</em>, Sao Paulo, 1938, p. 102. Contra la opinión de Concepción Arenal, Salillas la propuso para España: Rafael Salillas, <em>La vida penal en España</em>, cit.</p>
</div>
<div id="sdfootnote17">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote17sym" href="#sdfootnote17anc">17</a> V. C. Muratgia, <em>Director, Presidio y cárcel de reincidentes. Tierra del Fuego. Antecedentes</em>, Bs. As., s.d., (1910 <em>circa</em>); también <em>Ushuaia 1884-1984. Cien años de una ciudad argentina</em>, editado por la Municipalidad de Ushuaia bajo la dirección de Arnoldo Canclini, 1984.</p>
</div>
<div id="sdfootnote18">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote18sym" href="#sdfootnote18anc">18</a> V. Hugo Adam Bedau, <em>The Death Penalty in America. Current Controversies</em>, New York, 1998.</p>
</div>
<div id="sdfootnote19">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote19sym" href="#sdfootnote19anc">19</a> Sobre los conceptos de sistemas penales subterráneo y paralelo, Lola Aniyar de Castro, <em>Derechos humanos, modelo integral de la ciencia penal, y</em> <em>sistema penal subterráneo</em>, en “Rev. del Colegio de Abogados Penalistas del Valle”, Cali, 1985, pp. 301 y ss.</p>
<p class="sdfootnote-western">&nbsp;</p>
</div>
<div id="sdfootnote20">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote20sym" href="#sdfootnote20anc">20</a> Carl Schmitt, <em>El Leviatán en la teoría del estado de Thomas Hobbes, Sentido y fracaso de un símbolo político</em>, México, 1997, p. 117.</p>
</div>
<div id="sdfootnote21">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote21sym" href="#sdfootnote21anc">21</a> Sobre los disidentes, Cesare Lombroso, <em>Gli anarchici</em>, Torino, 1894; Lombroso/Laschi, <em>Le crime politique et les révolutions</em>, París, 1892; Benito Mario Andrade, <em>Estudio de antropología criminal espiritualista</em>, Madrid, 1899, pp. 203 y ss.; y también resultaban sospechosos los considerados supranormales (Lombroso, <em>L’uomo di genio in rapporto alla psichiatria, alla storia ed all’estetica</em>, Torino, 1894). Max Nordau lo seguía cercanamente considerando degenerados a todos los artistas peligrosamente creativos (<em>Degeneración</em>, Madrid, 1902). Los líderes de movimientos masivos eran considerados de igual manera: Gustavo Le Bon, <em>La psicología</em> <em>política y la defensa social</em>, Madrid, 1912; del mismo, <em>Psicología das multidoes</em>, Rio de Janeiro, 1954; Scipio Sighele, <em>I delitti della folla</em>, Torino, 1910; J.M. Ramos Mejía, <em>Las multitudes argentinas</em>, Buenos Aires, 1912: Sobre la criminalización de multitudes y líderes, Jaap van Ginneken, <em>Folla, psicologia e politica</em>, Roma, 1989.</p>
</div>
<div id="sdfootnote22">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote22sym" href="#sdfootnote22anc">22</a> Aunque las mujeres seguían siendo inferiores en inteligencia y, por tanto, proclives a la prostitución, como “equivalente” del delito: Cesare Lombroso-Guglielmo Ferrero, <em>La donna delinquente, la prostituta e la donna normale</em>, Torino, 1915; también en cuanto a la prostitución, Paul Kovalevsky, <em>La Psychologie criminelle</em>, París, 1903, I, pp. 181 y ss.</p>
</div>
<div id="sdfootnote23">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote23sym" href="#sdfootnote23anc">23</a> Lombroso señala la semejanza del criminal nato con el mongoloide y el negroide (<em>L’uomo delincuente in rapporto all’antropologia, giurisprudenza e alle discipline carcerarie. Delincuente nato e pazzo morale</em>, 3ª. Ed., Torino, 1884, pp. 248 y 295). Desde muy antiguo se habían asignado caracteres humanos a los animales, para luego clasificar a los humanos conforme a éstos. Esta fue tarea comenzada por los fisiognomistas desde Giovan Battista della Porta, <em>Della fisonomia dell’uomo. Con illustrazioni dell’edizione del 1610</em>, Parma, 1988. Para el siglo XVIII, Johann Caspar Lavater / Georg Christoph Lichtenberg, <em>Lo specchio dell’anima. Pro e contro la fisiognomica. Un dibattito settecentesco</em>, a cura di Giovanni Gurisatti, Padova, 1991; también Lucia Rodler, <em>Il corpo specchio dell’anima. Teoria e storia della fisiognomica</em>, Bruno Mondadori, 2000. Un meticuloso e inteligente desarrollo en Armelle Le Bras-Chopard, <em>El zoo de los filósofos. De la bestialización a la exclusión</em>, Taurus, Madrid, 2003.</p>
</div>
<div id="sdfootnote24">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote24sym" href="#sdfootnote24anc">24</a> Sobre esto Daniel Dic, <em>Volti della degenerazione, una síndrome europea 1848-1918</em>, Firenze, 1999.</p>
</div>
<div id="sdfootnote25">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote25sym" href="#sdfootnote25anc">25</a> R. Garofalo, <em>La criminología</em>, trad. de Pedro Dorado Montero, Madrid, s.d., p. 7, 11, 14 y 15. Garófalo</p>
</div>
<div id="sdfootnote26">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote26sym" href="#sdfootnote26anc">26</a> Idem, p. 11.</p>
</div>
<div id="sdfootnote27">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote27sym" href="#sdfootnote27anc">27</a> Idem, p. 15. Garofalo definía al enemigo mediante la <em>recta ratio</em> de <em>estos pueblos civilizados, de las razas superiores de la humanidad, excepción hecha de esas tribus degeneradas que representan en la especie humana una anomalía semejante a la que representan los malhechores en la sociedad</em> (Idem, p. 102).</p>
</div>
<div id="sdfootnote28">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote28sym" href="#sdfootnote28anc">28</a> Lo consideraba “el mayor de los filósofos contemporáneos”, idem, p. 97.</p>
</div>
<div id="sdfootnote29">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote29sym" href="#sdfootnote29anc">29</a> Idem, p. 326. El planteo fue retomado por el nazismo: Helmut Nicolai, <em>Die rassengesetzliche Rechtslehre, Grundzüge e. nazionalsozialist. </em><em>Rechtsphilosophie</em>, München, 1932.</p>
</div>
<div id="sdfootnote30">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote30sym" href="#sdfootnote30anc">30</a> Garofalo, <em>Criminología</em>, p. 133; p. 59 de la 2ª ed. italiana, Torino, 1891. Garófalo</p>
</div>
<div id="sdfootnote31">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote31sym" href="#sdfootnote31anc">31</a> El libro más importante escrito por un policía de París, aunque mostraba la carencia de discurso, al mismo tiempo reflejaba la importancia que le asignaban al problema: H. A. Frégier<em>, Des classes dangereuses de la population dans les grandes villes</em>, Bruxelles, 1840.</p>
</div>
<div id="sdfootnote32">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote32sym" href="#sdfootnote32anc">32</a> En realidad, siguieron la tradición de Frégier, mezclando información policial con prejuicios y conceptos morales: Rafael Salillas, <em>El delincuente español. Hampa (Antropología picaresca),</em> Madrid, 1898; Alfredo Nicéforo – Sighele, Scipio, <em>La mala vide en Roma</em>, Madrid, 1901; Constancio Bernaldo de Quirós, <em>La mala vida en Madrid. Estudio psicosociológico con dibujos y fotografías al natural</em>, Madrid, 1901 (reed. Madrid, 1998); Max Bembo, <em>La mala vida en Barcelona</em>, Barcelona, 1912; Eusebio Gómez, <em>La mala vida en Buenos</em> <em>Aires</em>, Buenos Aires, 1908 (con prólogo de José Ingenieros). Es interesante la recopilación literaria de Ernesto Ferrero con prólogo de Leonardo Sciascia, <em>Storie nere di fine secolo. La mala Italia</em>, Milano, 1973; sobre el trato diferencial en Rio de Janeiro, Lená Medeiros de Menezes<em>, Os indesejáveis: desclassificados da Modernidade. Protesto, crime e expulsao na Capital Federal (1890-1930)</em>, Rio de Janeiro, 1996.</p>
<p class="sdfootnote-western">&nbsp;</p>
</div>
<div id="sdfootnote33">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote33sym" href="#sdfootnote33anc">33</a> La definición de Ingenieros es sumamente ilustrativa respecto de los <em>enemigos</em> identificados como <em>extraños</em>: <em>Es una horda extranjera y hostil dentro de su propio terruño, audaz en la acechanza, embozada en el procedimiento, infatigable en la tramitación aleve de sus programas trágicos</em> (Prólogo a Gómez, p. 6).</p>
</div>
<div id="sdfootnote34">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote34sym" href="#sdfootnote34anc">34</a> Fue el penalista neokantiano más difundido en lengua castellana, a la que no fueron traducidos los neokantianos liberales, como Max Ernst Mayer y Hellmuth von Weber. El propio Gustav Radbruch –al igual que M.E. Mayer- fue traducido por los filósofos del derecho, pero no por los penalistas.</p>
</div>
<div id="sdfootnote35">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote35sym" href="#sdfootnote35anc">35</a> Sobre este anteproyecto arroja nueva luz la minuciosa investigación de Francisco Muñoz Conde, <em>Edmund Mezger y el derecho penal de su tiempo. Estudios sobre el derecho penal en el nacionalsocialismo</em>, Valencia, 2003; de este proyecto y de la concreta propuesta de Mezger dan cuenta también Michael Burleigh/Wolfgang Wippermann, <em>Lo Stato razziale, Germania 1933-1945</em>, Rizzoli, 1992, p. 158.</p>
</div>
<div id="sdfootnote36">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote36sym" href="#sdfootnote36anc">36</a> E. Mezger, <em>Rechtsirrtum und Rechtsblindheit</em>, en “Probleme der Strafrechtserneuerung, Fest. f. Kohlrausch”, Berlin, 1944, pp. 180-198 (p. 197-198). La <em>sana intuición del pueblo</em> era la fórmula nazista con que se introdujo la analogía, en cuya reforma participó también Mezger (cfr. Muñoz Conde, op.cit., p. 85).</p>
</div>
<div id="sdfootnote37">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote37sym" href="#sdfootnote37anc">37</a> Cfr. Muñoz Conde, op. cit., p. 145.</p>
</div>
<div id="sdfootnote38">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote38sym" href="#sdfootnote38anc">38</a> Muñoz Conde, op. cit., p. 193.</p>
</div>
<div id="sdfootnote39">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote39sym" href="#sdfootnote39anc">39</a> <em>Extranjero</em> y <em>enemigo</em> significaban <em>hostis</em>, que provenía de la raíz sánscrita <em>ghas</em>, <em>comer</em> (de donde viene <em>hostería</em>). <em>Hostire</em> es <em>matar</em> y <em>hostia</em> es <em>víctima</em>. Sobre esto: R. von Ihering, <em>L’esprit du Droit Romain dans les diverses phases de son développement</em>, París, 1877, tomo I, p. 228.</p>
</div>
<div id="sdfootnote40">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote40sym" href="#sdfootnote40anc">40</a> Cfr. Albert Du Boys, <em>Histoire du Droit Criminel des Peuples Anciens</em>, París, 1845, p. 245.</p>
</div>
<div id="sdfootnote41">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote41sym" href="#sdfootnote41anc">41</a> Esto se vuelve mucho más problemático en la propuesta de Jakobs, pues partiendo de su normativismo afirma que el enemigo no debe ser considerado como <em>persona</em>. En rigor de verdad, es aquí también sincero, pues todo el derecho penal que teorizó admitiendo que algunos seres humanos son <em>peligrosos</em> y sólo por eso deben ser segregados o eliminados, los <em>cosifica</em>, los deja de considerar <em>personas</em> y, por ende, viola el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. En este sentido, no debe causar tanto escándalo la propuesta de Jakobs, sino todo el derecho penal del enemigo, o sea, toda la tradición que excluye a los <em>extraños</em> de la pena y los elimina por peligrosos. Es posible que Jakobs pretenda sólo postular que los enemigos tengan menos derechos individuales que los ciudadanos, pero no queda claro en sus escritos. Sobre la polémica que la expresión ha suscitado: Luis Gracia Martín<em>, Consideraciones críticas sobre el actualmente denominado “derecho penal del enemigo”</em>, “Revista electrónica de Ciencia Penal y Criminología”, 7-2-2005.</p>
</div>
<div id="sdfootnote42">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote42sym" href="#sdfootnote42anc">42</a> Manuel Cancio Meliá, en Jakobs-Cancio Meliá, <em>Derecho penal del enemigo</em>, cit., pp. 65 y ss.</p>
</div>
<div id="sdfootnote43">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote43sym" href="#sdfootnote43anc">43</a> <em>Leviathan</em>, 1,8,10.</p>
</div>
<div id="sdfootnote44">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote44sym" href="#sdfootnote44anc">44</a> Idem, 1, 13.</p>
</div>
<div id="sdfootnote45">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote45sym" href="#sdfootnote45anc">45</a> Idem, 1, 18.</p>
</div>
<div id="sdfootnote46">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote46sym" href="#sdfootnote46anc">46</a> “No pueden ser consideradas penas los daños infligidos a quien es un enemigo declarado. Puesto que ese enemigo nunca estuvo sujeto a la ley, no puede transgredirla. O bien estuvo sujeto a ella y declara no estarlo más, negando en consecuencia la posibilidad de transgredirla. Por tanto, todos los daños que puedan serle causados deben entenderse como actos de hostilidad. En una situación de hostilidad declarada es legítimo infligir cualquier clase de daños. Cabe concluir, pues, que si por actos o palabras, a sabiendas y deliberadamente, un súbdito negase la autoridad del representante del Estado, sea cual fuere la penalidad prevista para la traición, el representante puede legítimamente hacerle sufrir lo que considere correcto. Al negar la sujeción, negó las penas previstas por la ley. Debe, en consecuencia, sufrir como enemigo del Estado, o sea, conforme a la voluntad del representante. Las penas están establecidas en la ley para los súbditos, no para los enemigos, como es el caso de quienes habiéndose tornado súbditos por sus propios actos, se rebelen y nieguen el poder del soberano por propia voluntad”<em> </em>(idem, 2, 28).</p>
</div>
<div id="sdfootnote47">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote47sym" href="#sdfootnote47anc">47</a> John Locke, <em>Ensayo sobre el gobierno civil</em>, 2, 6.</p>
</div>
<div id="sdfootnote48">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote48sym" href="#sdfootnote48anc">48</a> <em>Werkausgabe</em> VIII, <em>Die Metaphysik der Sitten</em>, p. 756.</p>
</div>
<div id="sdfootnote49">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote49sym" href="#sdfootnote49anc">49</a> <em>Anti-Hobbes oder über die Grenzen der höchsten Gewalt und das Zwangsrecht der Bürger gegen den Oberherrn</em>, Erfurt, 1798.</p>
</div>
<div id="sdfootnote50">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote50sym" href="#sdfootnote50anc">50</a> Es incuestionable la referencia a Kant en el capítulo 1. También la nota en que cita expresamente a Kant criticando su posición respecto del cambio de constitución (cap. 3). Trata respetuosamente de separar a Kant de Hobbes en cuanto a la inviolabilidad del soberano en el cap. 6. Es claro que Feuerbach tenía veintitrés años cuando escribió el <em>Anti-Hobbes </em>y no podía enfrentar abiertamente el prestigio del viejo y consagrado Kant.</p>
</div>
<div id="sdfootnote51">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote51sym" href="#sdfootnote51anc">51</a> Leviatán, capítulo 37.</p>
</div>
<div id="sdfootnote52">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote52sym" href="#sdfootnote52anc">52</a> Carl Schmitt, <em>El Leviatán</em>, cit., p. 111.</p>
</div>
<div id="sdfootnote53">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote53sym" href="#sdfootnote53anc">53</a> La consagra la Constitución Argentina desde 1853 en su art. 19 con una fórmula admirable: <em>Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.</em></p>
</div>
<div id="sdfootnote54">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote54sym" href="#sdfootnote54anc">54</a> Idem, p. 117.</p>
</div>
<div id="sdfootnote55">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote55sym" href="#sdfootnote55anc">55</a> Idem, p. 138</p>
</div>
<div id="sdfootnote56">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote56sym" href="#sdfootnote56anc">56</a> Sobre el hobbesianismo de Schmitt, Matthias Kaufmann, <em>¿Derecho sin reglas?</em>, Barcelona, 1989, p. 126.</p>
</div>
<div id="sdfootnote57">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote57sym" href="#sdfootnote57anc">57</a> Si bien Schmitt fue el <em>Kronjurist</em> del <em>Dritte Reich</em> (cfr. Joseph W. Bendersky, <em>Carl Schmitt teórico del Reich</em>, Bologna, 1989), su referencia en cuanto incumbe a la cuestión del enemigo es obligada, al punto que las tesis de Schmitt fueron retomadas por muchos críticos del estado <em>liberal burgués</em> de signo político diferente e incluso abiertamente opuestos. En este sentido puede verse la presentación de José Arico a <em>El concepto de lo político</em> que citamos; también Luciano Albanese, <em>Schmitt</em>, Editori Laterza, 1996, p. 7; Julio Pinto, <em>Carl Schmitt y la reivindicación de la</em> <em>política</em>, La Plata, 2000, p. 179.</p>
</div>
<div id="sdfootnote58">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote58sym" href="#sdfootnote58anc">58</a> Cit. por Stepehn Holmes, <em>The Anatomy of Antiliberalism</em>, Harvard University Press, Cambridge/London, 1993, p. 14. Schmitt afirma en cuanto a la humanidad que, como tal, <em>no puede realizar ninguna guerra, puesto que no tiene enemigos, al menos sobre este</em> <em>planeta. El concepto de humanidad excluye el de enemigo, puesto que también el enemigo no deja de ser humano y en esto no presenta ninguna diferencia específica </em>(Carl Schmitt, <em>El concepto de lo político</em>, Ediciones Folios, México, 1985, p. 51).</p>
</div>
<div id="sdfootnote59">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote59sym" href="#sdfootnote59anc">59</a> Schmitt, <em>El concepto de lo político</em>, p. 23.</p>
</div>
<div id="sdfootnote60">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote60sym" href="#sdfootnote60anc">60</a> Respetamos la traducción utilizada, pero la palabra que usa el autor es <em>Fremde</em>, la misma que empleó Mezger en su proyecto.</p>
</div>
<div id="sdfootnote61">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote61sym" href="#sdfootnote61anc">61</a> Schmitt, op. cit., p. 23.</p>
</div>
<div id="sdfootnote62">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote62sym" href="#sdfootnote62anc">62</a> Ibidem.</p>
</div>
<div id="sdfootnote63">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote63sym" href="#sdfootnote63anc">63</a> Esta fue la base polémica con Kelsen: Schmitt<em>,Der Hüter der Verfassung</em>, 1929; trad. italiana,<em> Il custode della Costituzione</em>, cit.; versión castellana, <em>La defensa de la Constitución</em>, Madrid, 1983; Hans Kelsen, <em>¿Quién debe ser el defensor de la Constitución?</em>, Madrid, 1995.</p>
</div>
<div id="sdfootnote64">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote64sym" href="#sdfootnote64anc">64</a> Sobre la constitución como pluralidad de leyes, Schmitt, <em>Teoría de la Constitución</em>, Madrid, 1992, p. 37. Con este argumento legitimaba el derecho del ejecutivo alemán a suspender las garantías y a encarcelar a legisladores y opositores en la agonía de Weimar: sobre ello Bendersky, op. cit.</p>
</div>
<div id="sdfootnote65">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote65sym" href="#sdfootnote65anc">65</a> Sobre la crítica a la llamada doctrina de la seguridad nacional de las dictaduras latinoamericanas: “Documento de Puebla”, Buenos Aires, 1979, p. 67 (párrafo 49); Hernán Montealegre, <em>La seguridad del Estado y los derechos humanos</em>, Santiago de Chile, 1979; Equipo SELADOC, <em>Iglesia y seguridad nacional</em>, Salamanca, 1980; Joseph Comblin, <em>Le pouvoir militaire en Amérique Latine</em>, París, 1977 (traducción: <em>Dos ensayos sobre seguridad nacional</em>, Sgo. de Chile, 1979). Los ideólogos clásicos son: Gobery do Couto e Silva, <em>Planejamento estratégico</em>, Brasilia, 1981; Augusto Pinochet Ugarte, <em>Geopolítica</em>, Sgo. de Chile, 1984. Hubo pocos discursos jurídicos: Mário Pessoa, <em>O directo da Segurança Nacional</em>, Rio de Janeiro, 1971; Carlos Horacio Domínguez, <em>La nueva guerra y el nuevo derecho, Ensayo para una estrategia jurídica antisubversiva</em>, Bs. As, 1980; en derecho penal, Fernando Bayardo Bengoa, <em>Los Derechos del Hombre y la defensa de la</em> <em>Nación</em>, Montevideo, 1979.</p>
</div>
<div id="sdfootnote66">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote66sym" href="#sdfootnote66anc">66</a> Lo hizo en una conferencia pronunciada en España muchos años después de la caída del nazismo alemán: <em>Theorie des Partisanen. </em><em>Schwischenbemerkung zum Begriff des Politischen</em> (trad. Italiana: <em>Teoria del partigiano. Integrazione al concetto del político</em>, Milano, 2005). También afirma de paso <em>que España supo defenderse, con una guerra de liberación nacional, de la fagocitación del comunismo internacional</em> (p. 79 de la trad. italiana).</p>
</div>
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		<item>
		<title>Entre la desigualdad y la diferencia</title>
		<link>http://cuadernos.inadi.gob.ar/numero-01/flavio-rapisardi-desigualdad-diferencia/</link>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:32:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Flavio Rapisardi</dc:creator>
				<category><![CDATA[01]]></category>

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		<description><![CDATA[Cultura y discriminación en América Latina]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el siglo XXI las prácticas discriminatorias constituyen una realidad insoslayable.  Si bien en todas las sociedades y culturas, y en distintas épocas históricas, el fenómeno de la discriminación adquiere distintas configuraciones (racismo, xenofobia, persecución política, racismo ambiental, discriminación hacia la diversidad sexo genérica, violencia de género y otras formas de marcaje, exclusión y/o represión), la construcción de otro/a diferente sobre los/as que las distintas sociedades proyectan y regulan su funcionamiento en modos que llegan hasta el aniquilamiento (<em>Shoá, </em> Genocidio Armenio, la matanza de los pueblos indígenas y afros, entre otros) permanece como una práctica social y cultural que desde las organizaciones sociales y formaciones políticas democráticas, nacionales, populares y progresistas venimos enfrentando.</p>
<p>Haciendo un poco de historia, el siglo XVIII encontró en la “tolerancia” una fórmula para combatir las prácticas discriminatorias. Sin embargo, a más de dos siglos de aquella propuesta liberal que permitió la convivencia social y cierta productividad cultural, no podemos seguir pensando en los mismos términos, en tanto una política antidiscriminatoria tiene que superar la jerarquización implícita en dicha propuesta. Por esto hoy hablamos de “diversidad, igualdad y no discriminación” como una propuesta superadora de la anticuada tolerancia que propusieron nuestros antepasados libertarios/as en un marco de enfrentamientos religiosos.</p>
<p>Desde los años setenta, los debates sobre discriminación abandonaron el terreno político-teológico delineado por la tolerancia y han intentado ser encorsetados por cierto progresismo académico y por sectores de la izquierda criolla bajo la denominación de “meramente culturales”, lo que no solo pone de manifiesto la pobre noción de cultura con la que discuten, sino también que esta operación constituye un grito de “macho herido” frente a la pérdida de privilegios epistemológicos por parte de la sacrosanta academia y sus lugartenientes a manos de movimientos como el feminista, los de carácter étnico o de diversidad sexual, entre otros. Las carcajadas de la antropología postestructuralista son algo más que un ejercicio frívolo: le puso el punto a los intentos de hablar por otros/as.</p>
<p>Sin embargo, esta caída en desgracia del tercero en cuestión fue acompañada por dos movimientos culturales (y entiéndase por “cultura” algo tan concreto como el proceso material de producción de estilos del vida, de acuerdo con Raymond Williams): un multiculturalismo acrítico que festejó las diferencias como valores en sí mismos y sin ningún anclaje ideológico de fondo, y distintas perspectivas políticas (la <em> queer</em> entre ellas) que se interrogaron sobre el carácter crítico de la diferencia en su relación con los modos de exploración de la desigualdad. Por esto la discriminación no puede ser considerada simplemente un modo de ignorancia o un problema de tipo moral-cognitivo, sino como un modo de regulación en el que se ponen en juego el conjunto de las relaciones sociales: así el machismo funcionó en los orígenes de la revolución industrial como una manera de ampliar la extracción de plusvalía de los varones laburantes con mucamas gratuitas bajo el nombre de “esposas” (la familia célula básica de la sociedad) lo que se reforzó, en el mismo momento histórico, con la aparición de la “homosexualidad” como especie a ser borrada por su improductividad junto con las personas con discapacidad y la explotación de afros e indígenas.</p>
<p>En este último sentido, las identidades surgidas en función de la etnia, la orientación sexual-identidad-expresión de género, edad, entre otras, no eran la contracara de una diferencia sociocultural como pregonan los comunitaristas neoaritstotélicos o hegelianos, o feministas esencialistas que sostenían la existencia de un continuo “mujer”, sino que la identidad y la diferencia pasaron a ser considerados modos de experimentar situaciones de desigualdad en marcos políticos y culturales específicos.</p>
<p>Ya a fines de la década del sesenta los discursos identitatarios en manos comunitaristas se convirtieron en un interminable canto de sirena que hizo chocar a más de un barco en los acantilados del liberalismo: Michael Walzer, Robert Bellah o Charles Taylor entre otros/as terminaron por considerarse como el hilvanado permanente de las teorías liberales o socialdemócratas universalistas de John Rawls o Jürgen Habermas: más que una capitulación, la consagración de un club de amigos a nivel internacional al que hasta el neopragmatismo de Richard Rorty terminó de asociarse a pesar de su rechazo de las aventuras racionales.</p>
<p>Mientras el <em>status quo</em> de la filosofía política post 1972 (año de aparición de la <em>Teoría de la justicia) </em> se codeaba en congresos internacionales intentando justificar una democracia de cuño europeo de carácter legislativo frente al modelo americano basado en su sistema judicial y su carta de principios, en las calles surgían movimientos sociales, complejizando la gramática política tal como se la entendía hasta el momento y volviendo acotados los debates y las propuestas de ambos bandos que luego terminarían formando su propio <em>pen club </em>europeo-americano y acólitos locales.</p>
<p>En este marco, el liberalismo que tiene mil caras no guardó silencio frente a la desbandada acartonada, sino que propuso una forma de  multiculturalismo acrítico que pretendía una sustitución de la gramática política tradicional basada en las clases por una de la diferencia. A este multiculturalismo no le importaba que fuéramos diferentes, sino que solo festejaba la proliferación como nuevo estado político y consideraba a la emancipación como una empresa que solo debía contentarse con la imposibilidad de una “sociedad transparente” y la “contaminación” de estilos.</p>
<p>Pero esta no fue la única respuesta: otras perspectivas emancipatorias indagaron sobre las relaciones entre los modos en que se configuran las diferencias en los contextos de desigualdad. En estas discusiones se puso luz sobre los argumentos subyacentes en las prácticas discriminatorias, por ejemplo, sobre el carácter humano del/la otro/a, en tanto toda acción de marcaje, exclusión y/o represión se funda en un supuesto derecho o supremacía del/la victimario/a, lo que en el caso de nuestro continente tomó la forma de dicotomías que moldearon parte de nuestra historia cultural (civilización-barbarie fue la que más se utilizó). En este sentido, las prácticas discriminatorias en América Latina constituyeron el andamiaje ideológico y cultural que justificó esas configuraciones de la desigualdad que comenzaron con la colonización, continuaron con la esclavitud, las dictaduras, los códigos contravencionales y toda práctica represiva que necesita del marcaje y desvalorización como justificación o paso necesario al control hegemónico o al aniquilamiento.</p>
<p>Por esto, “discriminar” en América Latina no es básicamente un problema de comunidad o universalidad de las normas y, como consecuencia, un acto de “desvalorización” del/la otro/a o de “ignorancia” del victimario, sino una operación material de regulación sociocultural en la que una sociedad rearticula sus conflictos hegemónicos en términos más amplios. Así, la lucha contra la discriminación requiere de intervenciones no solamente en campos como la  “educación”, la “capacitación” y/o la “sensibilización”, sino de una política de “reparación, diversidad y justicia social” en la que las demandas y necesidades son convertidas en cuestiones para una política pública en las articulaciones entre Estado y sociedad civil, atendiendo las competencias horizontales entre agencias del propio Estado, los enfrentamientos clientelares entre organizaciones sociales que arman sus agendas al calor del financiamiento nacional y/o internacional y las tensiones verticales por la asignación de recursos económicos y burocráticos al interior del propio Estado al asumir la problemática delineada. En este contexto es necesario pensar y promover planes integrales como el Plan Nacional contra la Discriminación que constituye una base fundamental en la materia, en tanto reconoce la diversidad no como instancias aisladas, sino transversalizables por ejes comunes y por sí mismas, superando de este modo la acotada política de las “acciones afirmativas” que si bien a la corta visualizan situaciones de inequidad, a la larga funcionan como meros remedos y mecanismos de selección y control de grupos y sectores excluidos. Basta ver la maravillosa película de Spike Lee, Crooklyn, para comprender cómo la conformación de una pequeño burguesía afro en Estados Unidos fue producida gracias al mecanismo de la cuota que exigió el blanqueamiento como condición de acceso y el borramiento del carácter emancipatorio que nunca es connatural ni a la sexualidad, ni a la etnia, ni al género: la emancipación requiere de configuraciones culturales y políticas equivalenciales en base al carácter desigualitario específico puesto en juego.</p>
<p>En el siglo XXI tenemos varios  desafíos y el de la lucha contra la discriminación no es menor, ya que las prácticas discriminatorias como negación del “carácter humano” de diferentes grupos y sectores están en la base desde las prácticas desdeñables que se cobran vidas como los genocidios, matanzas colectivas,  gatillo fácil hasta muerte por interrupción de tratamientos de personas que viven con VIH y sida, el aborto clandestino o el asesinato en las prácticas de trata y tráfico de personas.</p>
<p>Por esto, la promoción de la diversidad, la igualdad y la no discriminación en el marco de una política de “reparación, diversidad y justicia social” no es simplemente un compromiso ético que debemos asumir día a día, sino también el núcleo duro de las políticas públicas que como ciudadanos/as debemos impulsar, delinear, legislar y exigir.</p>
<p><strong>Bibliografía</strong></p>
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<p>Žižek, Slavoj, <em>El espinoso sujeto, </em> Paidos, Buenos Aires: 2001</p>
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		<title>Todos somos López</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:32:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Longoni</dc:creator>
				<category><![CDATA[01]]></category>

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		<description><![CDATA[Activismo artístico en torno a la segunda desaparición de Jorge Julio López]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Haré referencia aquí a otros modos de dar presencia e instalar en la calle el reclamo por la aparición con vida de Julio López: un conjunto de prácticas heterogéneas inscriptas en lo que llamaré de modo genérico (y conscientemente problemático) “activismo artístico”, retomando la vieja autodefinición propuesta por el dadaísmo alemán. Agrupo bajo esta definición producciones y acciones, muchas veces colectivas, que abrevan en recursos artísticos con la voluntad de tomar posición e incidir de alguna forma en el territorio de lo político.</p>
<p>Dos coyunturas son cruciales en la aparición, la multiplicación y la vitalidad de grupos de activismo artístico surgidos en la Argentina a lo largo de la última década. La primera, en la segunda mitad de los ‘90, el surgimiento de HIJOS y su invención de los escraches para impulsar la condena social en medio de la impunidad legal. Dos grupos de artistas jóvenes, el GAC y Etcétera, se involucraron activamente y aportaron recursos que proporcionaron su identidad (visual y performática) a los escraches. La segunda coyuntura surge en torno a la revuelta de fines de 2001, en medio de un clima de inédita inestabilidad institucional y continua agitación callejera, así como por la emergencia de lo que se dio en llamar “nuevos protagonismos sociales”. Hoy, esas prácticas y experiencias forman un reservorio de recursos disponibles para idear nuevas formas de la acción política, tanto en el espacio público como en el  ámbito artístico.</p>
<p>Lo que sigue es un sintético paneo por algunas iniciativas de artistas y colectivos que vienen sosteniendo en los últimos tres años una variada gama de acciones e intervenciones para que no quede en el olvido la segunda desaparición de López.</p>
<p><strong>Cambiar la marcha</strong></p>
<p>En La Plata, la ciudad donde López desapareció dos veces, las marchas por su reaparición se suceden los días 18 de cada mes. “En el marco de estas movilizaciones se han desplegado una gran variedad de intervenciones que van desde instalaciones y performances hasta murales, ploteos, graffitis y stencil” iniciativas éstas coordinadas “entre los organizadores y diferentes colectivos de artistas o llevadas adelante por los propios convocantes”. Estamos ante “una continua reinvención” y  “proliferación de tácticas artísticas” que “pese a la disparidad de medios sirve para disputar una geografía simbólica”.<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote1anc" href="#sdfootnote1sym"><sup>1</sup></a></p>
<p>Me detendré puntualmente en una acción, impulsada por el Colectivo Siempre<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote2anc" href="#sdfootnote2sym"><sup>2</sup></a>, integrado por al menos doce mujeres y autodefinido como “grupo de arte y acción política”: “somos gente de danza, o cercana a la danza, y trabajamos con gente de teatro, incluso de artes visuales para que nos ayudan a definir la cuestión visual”.<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote3anc" href="#sdfootnote3sym"><sup>3</sup></a></p>
<p>En lo que fue su primera actuación grupal, propusieron una acción masiva al conmemorarse seis meses de la desaparición de López. Se trató de una intervención compleja cuyo guión incluía desplazamientos en el espacio, vestuario, acciones con sonido y movimiento. Imprimieron en serigrafía doscientas pequeñas pancartas-máscaras con el rostro de López o signos de pregunta, convocaron a través del mail a que la gente asistiera vestida con ropa blanca o negra, y fueron al lugar convenido: la Plaza Moreno, rodeada por la municipalidad y la catedral. “Fuimos con las 200 pancartas sin saber qué  iba a pasar, y me acuerdo de la emoción cuando empezábamos a ver llegar a la gente vestida como habíamos pedido”. Cientos de participantes espontáneos tomaron cada cual una pancarta y se sumaron a uno de los cuatro grupos en cada esquina de la plaza. A la hora convenida avanzaron muy lento hasta confluir en el centro y marchar hacia la municipalidad, en cuyo césped clavaron las pancartas. En medio del trayecto, la consigna fue que cada quien mencionase a alguien desaparecido o asesinado, el nombre propio que eligiese pronunciar. “Primero se escuchaba un murmullo y luego se empezaron a escuchar. Una polifonía sin orden, cada uno cuando quería iba largando el nombre”. De tanto en tanto, la caminata se detenía y repicaban unos sonajeritos, a tiempo que se colocaban las pancartas sobre los rostros. Luego recomenzaba la marcha en silencio. “Lo que más costaba era largar los nombres, por más que tengas un entrenamiento, te conmueve muchísimo. Primero nos salían voces un poco quebradas, cuando se fueron sumando más se hacía más fácil. (Después) sonaban los sonajeros, insoportable, un sonido penetrante. Tacatacataca”, relatan las organizadoras.</p>
<p><img longdesc="http://cuadernos.inadi.gob.ar/sites/default/files/longoni-1.jpg" src="http://cuadernos.inadi.gob.ar/sites/default/files/longoni-1.jpg" alt="Foto manifestación por Julio López" /></p>
<p>Ese día, la marcha convocada por la Multisectorial que lleva adelante el reclamo por López partió como es habitual de Plaza Italia, para pasar por Plaza Moreno. Allí la columna se detuvo mientras sucedía la intervención. “Toda la gente que vino a participar en la acción se sumó a la marcha”. Cuando siguió su itinerario, la marcha se llenó de pancartas y de tacatacas. La acción propuesta por el Colectivo Siempre alteró esa marcha (y las que siguieron) en varios sentidos: generó dispositivos visuales y performáticos que se apropiaron de allí en más, sumó muchos nuevos participantes, produjo una interrupción del curso y el ritmo habitual de la movilización para que aconteciera otra cosa. Provocó una conmoción en su temporalidad, en su forma, en su capacidad de producir subjetividad política.</p>
<p>Sobre las relaciones entre el Colectivo y la Multisectorial, las integrantes del grupo señalan: “Al principio nos miraron medio raro, dicen que algunos en la intimidad nos tildaron de <em>chicas posmodernas</em>, pero cuando vieron la cantidad de gente que convocamos en cada intervención-instalación, nos empezaron a tener en cuenta&#8230; Las pancartas con el rostro de Julio López y con los signos de pregunta se volvieron algo habitual en cada marcha y fuera de las marchas también.”</p>
<p>Las pancartas-máscaras se convirtieron de allí en más en <em>el </em>signo de las marchas platenses por Julio López. La gente las conservó y fue con ellas a cada nueva convocatoria, pero también al teatro, a la escuela, a cualquier acto público. De tanto en tanto, aparecía una pancarta “infiltrada” inesperadamente en los medios masivos, durante el reportaje a algún funcionario, por ejemplo.</p>
<p>En ese recurso (el rostro de López multiplicado uniformizando a los manifestantes proclamando un “Todos somos López”) pueden señalarse trazas de las dos grandes matrices de representación de los desaparecidos en el movimiento de derechos humanos en Argentina. Por un lado, el recurso de las fotos, que se remonta a las primeras rondas de las Madres a comienzos de la dictadura, cuando ellas portaban sobre sus cuerpos las fotos de sus hijos e hijas tomadas de los documentos de identidad o de los álbumes familiares, e insisten en la biografía particular de cada una de las víctimas del terrorismo de Estado y en el vínculo que une al que reclama con el ausente. Y por otro lado, las siluetas, que apuntan a cuantificar anónimamente la magnitud del genocidio, evidenciando “la presencia de la ausencia”, y cuyo  principio constructivo radica en la transferencia entre el cuerpo de los manifestantes y el de los desaparecidos. El cuerpo del manifestante puesto en el lugar del cuerpo del ausente se sostiene en el comprometido acto a nivel corporal, performático, incluso ritual, de colocarse en el lugar del que no está y prestarle un momentáneo soplo de vida. Las siluetas se constituyen en huella de dos ausencias: la del representado y la de aquel que puso su cuerpo y se acostó sobre el papel en lugar del ausente. En este caso, aunque los manifestantes se coloquen en el lugar del desaparecido, no se trata de una silueta anónima o una máscara blanca sino de un rostro con nombre y apellido, un sujeto concreto. Al vocear los nombres propios que cada cual elige nombrar/ invocar, el vínculo se personaliza aún más. “La suma de las particularidades llegaba a los 30.000 desaparecidos: empezabas a escuchar nombres y nombres superpuestos”, recuerdan las integrantes del Colectivo Siempre. Insistencia en la biografía particular a la vez que cuantificación de la magnitud del genocidio: ambas matrices confluyen, entonces, en este sencillo recurso.</p>
<p><strong>Sellar </strong></p>
<p>A partir de la segunda desaparición de López, el artista Hugo Vidal dio un giro en su producción centrándola en distintos procedimientos para irradiar el caso dentro y fuera del medio artístico. Agrupa esos diversos trabajos en el proyecto “Promoción de Julio”. Primero, mandó  imprimir tarjetas personales que reparte aquí y allá con la indicación “Llamame”. Allí figura, en lugar de su nombre, el de Jorge Julio López, y como única seña la fecha de su desaparición. Año a año, imprime, pega en la vía pública y reparte sus  “calendarios de la ausencia”: cada día es un casillero vacío que nos interpela con la pregunta de cuántos días seguimos transcurriendo sin López. La tercera edición del calendario acompañó el transcurso de la marcha del 24 de marzo de 2010, y muchas veces convivió  con un anónimo cartel que reproduce la foto que tomara &#8211; en la que López cierra con fuerza los ojos. Vidal también ideó un sello que permite alterar de manera sutil la botella del clásico vino López, anteponiendo al nombre la leyenda “Aparición con vida de Julio”. <img class="right" longdesc="http://cuadernos.inadi.gob.ar/sites/default/files/longoni-2.jpg" src="http://cuadernos.inadi.gob.ar/sites/default/files/longoni-2.jpg" alt="Foto botella vino López" />Viene practicando esta sistemática alteración en las góndolas de los supermercados, sin retirar las botellas intervenidas de su circulación comercial. Al sellar las botellas ofrecidas en la <em>vernissage</em> de alguna inauguración, el acto de brindar con López alcanza un sentido político perturbador.<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote4anc" href="#sdfootnote4sym"><sup>4</sup></a> El artista impulsó selladas (hechas por él mismo o por amigos que se sumaron a la acción) en supermercados de Buenos Aires, La Plata, Córdoba y Resistencia. La acción continúa dispersándose en cada ocasión que se presente para sellar botellas. Vidal señala “un vínculo con las botellas de Horacio Zabala<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote5anc" href="#sdfootnote5sym"><sup>5</sup></a> y con los trabajos de Cildo Meireles y sus botellas de Coca Cola, en el sentido de que las botellas intervenidas circulan en el ámbito comercial específico y no se incorporan al circuito del arte en un principio”.<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote6anc" href="#sdfootnote6sym"><sup>6</sup></a> También en explícita alusión al sellado de billetes que el brasileño Cildo Meireles desplegó como parte de sus “Inserciones en circuitos ideológicos” en los años 70 para propagar la pregunta “¿<em>Quem matou Herzog?”,</em> haciéndose eco de la sospecha de asesinato por tortura de un periodista durante la dictadura en Brasil, la Comisión Barrial por la Memoria y la Justicia de La Paternal y Villa Mitre impulsó el sellado de billetes con las preguntas: “¿Dónde está Julio López?”,  “¿Y Julio López?”.</p>
<p>Meireles apuntaba a poner en amplia circulación mensajes políticos disruptivos infiltrando circuitos preexistentes a partir de detectar sus fallas o fisuras. Para ello desvía materiales existentes para fines críticos, de acuerdo a una estrategia de subversión, aliando economía de medios y camuflaje.<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote7anc" href="#sdfootnote7sym"><sup>7</sup></a> En el mismo sentido, Pablo Russo, impulsor de la nueva iniciativa de sellados de billetes, relata el proceso: “la fabricación del sello implicó consensuar la frase y medir el tamaño para que entrara en la parte blanca de los billetes. El resultado fue la elaboración de una herramienta sumamente económica (por diez o quince pesos se puede tener uno) y de fácil uso, lo cual la convierte en altamente socializable. No se necesita ser un artista para sellar billetes o para encargar un sello y, como herramienta, tiene la potencialidad de expandirse de mano en mano sin demasiado costo ni esfuerzo de trabajo”.<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote8anc" href="#sdfootnote8sym"><sup>8</sup></a> La iniciativa se propagó rápidamente a personas o grupos (otras comisiones barriales por la memoria, el Grupo de Arte Callejero, HIJOS, etc.) que encargaron sus propios sellos.</p>
<p><img longdesc="http://cuadernos.inadi.gob.ar/sites/default/files/longoni-3.jpg" src="http://cuadernos.inadi.gob.ar/sites/default/files/longoni-3.jpg" alt="Foto billete de dos pesos" /></p>
<p>Lejos de cualquier defensa de autoría u originalidad, el activismo artístico saquea a destajo los recursos que proporciona el amplio repertorio de prácticas de arte crítico a lo largo del siglo XX, los adapta, deforma y resignifica al insertarlos en un nuevo contexto. ¿Qué mejor “homenaje” a Meireles, por otra parte, que esta nueva inserción en lo que él llamaba circuito ideológico, a diferencia de la desactivación de su potencial crítico que tiende a ocurrir cuando algunos billetes caducos, encapsulados en una vitrina de museo, devienen en fetiche de arte?</p>
<p><strong>Techos y ómnibus</strong></p>
<p>En los últimos res años, el artista cordobés Lucas Di Pascuale convocó a distintos grupos (su familia, sus amigos, otros artistas) a construir entre todos varios letreros hechos con frágiles listones de madera con una única palabra: “López”. Cada cartel fue instalado en el techo de algún espacio cultural alternativo. Sin luces ni colores, los carteles quedan opacados, casi invisibles por la polución visual circundante, a pesar de su gran tamaño. Su destino, al quedar a la intemperie, es un rápido e inevitable deterioro. Sólo una nueva convocatoria a la acción colectiva para construir un nuevo cartel puede reinstalar esa presencia precaria, efímera.</p>
<p><img longdesc="http://cuadernos.inadi.gob.ar/sites/default/files/longoni-4.jpg" src="http://cuadernos.inadi.gob.ar/sites/default/files/longoni-4.jpg" alt="Foto letrero en edificio" /></p>
<p>Por su parte, Leo Ramos, artista activista de Resistencia (Chaco), viene impulsando junto a la Casa por la Memoria, el Museo de Medios de Comunicación e HIJOS, varias acciones en torno a López. En septiembre de 2009, al cumplirse tres años de la desaparición, y bajo el rótulo “¿dónde está?” instaló en las ventanillas de los ómnibus, a la altura de la cabeza de cualquier pasajero, el emblemático rostro mediante autoadhesivos transparentes. <img class="left" longdesc="http://cuadernos.inadi.gob.ar/sites/default/files/longoni-5.jpg" src="http://cuadernos.inadi.gob.ar/sites/default/files/longoni-5.jpg" alt="Foto calcomanía en colectivo" /> Si a partir de la desaparición de López se mantuvo una simbólica silla vacía en cada instancia del Juicio por la Verdad en los tribunales de La Plata, aquí el asiento del ómnibus está ocupado dos veces. El pasajero, en sus trayectos cotidianos, se ve interpelado por ese ocupante fantasmal, y desde la calle el rostro de López se vislumbra fantasmagóricamente unido al cuerpo del pasajero.</p>
<p>Los soportes en donde aparecen estas marcas del activismo artístico son inesperados a la vez que cotidianos: los techos de una institución cultural, la calle, el supermercado, un billete de dos pesos, el transporte público. Estos intentos de incidir sobre un público muchísimo más amplio que el que transita en el circuito del arte no renuncian a abrevar en la profusa historia de los cruces entre arte y política, que podríamos remontar al menos hasta Gustav Courbet y sus proclamas por socializar el arte y liberarlo de las sujeciones del poder en tiempos de la Comuna de París.<a class="sdfootnoteanc" name="sdfootnote9anc" href="#sdfootnote9sym"><sup>9</sup></a></p>
<p><strong>Notas</strong></p>
<div id="sdfootnote1">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote1sym" href="#sdfootnote1anc">1</a> Chempes, Dos años de movilizaciones por Julio López en la ciudad de La Plata (2006-2008), trabajo inédito, 2009.</p>
</div>
<div id="sdfootnote2">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote2sym" href="#sdfootnote2anc">2</a> Eligieron su nombre en contraposición al <em>Nunca Más</em>: “Por los ‘siempre’ que hacen que se sostenga nuestra memoria, por los ‘siempre’ que no cambiaron, por los que siempre cambian, por los que ayudan a que algo cambie. Por los que determinan que siempre habremos de hablar de esos ‘siempre’  porque son parte de nosotras, porque marcan una parte de nosotras, porque nos identifican y definen.”<sup> </sup> Véase <a title="http://colectivosiempre.blogspot.com" href="http://colectivosiempre.blogspot.com">http://colectivosiempre.blogspot.com</a></p>
</div>
<div id="sdfootnote3">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote3sym" href="#sdfootnote3anc">3</a> Entrevista de la autora con las integrantes del Colectivo Siempre, La Plata, mayo de 2009. Las citas que siguen corresponden al mismo diálogo.</p>
</div>
<div id="sdfootnote4">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote4sym" href="#sdfootnote4anc">4</a> La serie continuó recientemente cuando presentó en la exposición “La obsolescencia del monumento”, en el Fondo Nacional de las Artes, una acumulación de cajas vacías de vino López en las que inscribió con letras en bajo relieve y sin tinta el nombre Julio. Y un dibujo (que también imprimió  como pequeño autoadhesivo) que rectifica la conocida obra del pop norteamericano Robert Indiana “Love”, superponiéndole un “López” y titulándolo “Lo ves?”.</p>
</div>
<div id="sdfootnote5">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote5sym" href="#sdfootnote5anc">5</a> En diciembre de 1973, en una exposición en la galería Arte Nuevo, Horacio Zabala presentó<strong> </strong>una serie de veinte botellas vacías para las que sugiere al público “tres usos posibles”: colocar una flor en agua, contener vino, o llenar de nafta para construir una bomba molotov.</p>
</div>
<div id="sdfootnote6">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote6sym" href="#sdfootnote6anc">6</a> Pablo Russo, entrevista a Hugo Vidal, 2009.</p>
</div>
<div id="sdfootnote7">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote7sym" href="#sdfootnote7anc">7</a> Cécile Dazord, «Génération Tranca-Ruas», en <em>Cildo Meireles</em>, Musée d´Art moderne et contemporain de Strasbourg, Bélgica, 2003, p. 24.</p>
</div>
<div id="sdfootnote8">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote8sym" href="#sdfootnote8anc">8</a> Pablo Russo, “¿Dónde está Julio López? Prácticas estéticas en relación al reclamo de aparición con vida”, inédito, 2009.</p>
</div>
<div id="sdfootnote9">
<p><a class="sdfootnotesym" name="sdfootnote9sym" href="#sdfootnote9anc">9</a> Véase al respecto la antología preparada por Will Bradley y Charles Esche, <em>Art and Social Change</em>, Londres, Tate/Afterall, 2007.</p>
</div>
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		<item>
		<title>¿Y si la discapacidad no estuviera dada en la naturaleza?</title>
		<link>http://cuadernos.inadi.gob.ar/numero-01/vallejos-discapacidad-naturaleza/</link>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:32:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Indiana Vallejos</dc:creator>
				<category><![CDATA[01]]></category>

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		<description><![CDATA[Tensiones entre el modelo médico y el modelo social]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quisiera   detenerme en que pensemos cuáles son los conceptos que fundan nuestras   acciones.  Entiendo que las intervenciones expresan conceptos,   ya en la construcción del problema, ya en el diseño de acciones para   modificarlo. Y sin embargo, cuando intervenimos en el campo de la   discapacidad,   éste parece ser un campo desprovisto de conceptos, como si eso fuera   posible.</p>
<p>A pesar de   que el tema comienza a formar parte de las investigaciones locales,   aún podemos sostener</p>
<blockquote><p><em>“que   la discapacidad se ha tornado una noción difícil y esquiva para el   abordaje académico pero cotidiana para los que la viven y la sienten.   En la academia, ha resultado ser una noción que describe y explica   una “realidad”. En la cotidianidad, un término otorgado o adquirido   que puede ser “estigmatizante” (es discapacitado, por lo tanto)   y/o “reivindicativo” (soy discapacitado, por lo tanto) para aquellos   que, sobre todo, se sienten excluidos por que están excluidos”.</em> (ROSATO y ANGELINO. 2009:19).</p></blockquote>
<p>Por eso me   interesa trabajar en torno a una tensión: pensar la discapacidad como   una cuestión biológica, dada en el cuerpo frente a otra  perspectiva   que considera  la discapacidad como una producción social a partir   de determinadas características corporales, consideradas un desvío   de la normalidad.  Lejos de un análisis binario, me refiero a   términos que se implican mutuamente en una disputa, y que nunca aparecen     en forma pura.</p>
<blockquote><p>Dice Carlos   Skliar:</p></blockquote>
<blockquote><p><em>La   presunción   de que la deficiencia es, simplemente, un hecho biológico y con   características   universales, debería ser, una vez más, problematizada   epistemológicamente:   comprender el discurso de la deficiencia, para luego revelar que el   objeto de ese discurso, no es la persona que está   en silla de ruedas o aquella que usa una prótesis auditiva, o aquella   que no aprende según el ritmo y la forma como la norma espera, sino   los procesos históricos, culturales, sociales y económicos que   regulan y controlan el modo a través del cual son pensados e inventados   los cuerpos, las mentes, el lenguaje, la sexualidad de los otros.    Para expresarlo más contundentemente, dice   él, la deficiencia no es una cuestión biológica, sino una retórica   cultural.  La deficiencia no es problema de los deficientes y/o   de sus familias y/o de los especialistas.  La deficiencia esta   relacionada con la idea misma de la normalidad y su historicidad.   (2002:118)</em></p></blockquote>
<p>Es relevante   discutir que la <em>discapacidad</em> esté dada en el cuerpo, que sea   natural y evidente, que no pueda dejar de reconocerse a simple vista   por el sólo hecho de “estar ahí”, porque a ese cuerpo <em>le falta   un brazo o le sobra un cromosoma; y p</em>ensar al cuerpo como algo   construido,   lo que sugiere que los cuerpos <em>deficientes   – anormales</em> solo viven dentro de las limitaciones productivas   de ciertos esquemas reguladores en alto grado generalizados.</p>
<p>El discurso   de la Organización Mundial de la Salud ha sido de alto impacto   productivo   en términos de una idea de la <em>discapacidad</em> como un observable   en el cuerpo de los sujetos, a-histórico y general en su modo de   expresión.</p>
<p>En la producción   de la OMS en torno a <em>discapacidad </em> es posible identificar al menos dos momentos que refieren a las   conceptualizaciones   de la <em>discapacidad </em>que este organismo realiza. El primero   identificado   en la Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y   Minusvalías (CIDDM) de 1980 en el que se habla de deficiencia, <em>discapacidad </em> y minusvalía como un proceso que se recorre en esa dirección. Así   la <em>discapacidad </em>es entendida</p>
<blockquote><p><em>“como   toda disminución (restricción) o ausencia (debida a una deficiencia)   de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro de un   margen que se considera normal para un ser humano. La   discapacidad sería así el resultado de la incidencia de una deficiencia   que restringe o anula las habilidades de una persona para desarrollar   una actividad considerada normal dentro de su contexto sociocultural”.</em></p></blockquote>
<p>La <em>discapacidad </em> es un <em>problema personal</em>, y sus causas están situadas en el   individuo,   sin ninguna referencia a la estructura social. El cuerpo, disociado   del sujeto, es objeto de la mirada y las prácticas profesionales, por   lo que su reacción al estímulo rehabilitador es considerada mecánica.</p>
<p>Un segundo   momento lo representa la “Clasificación Internacional del   Funcionamiento, <em> de la Discapacidad y de la Salud</em>” (CIF) donde se plantea que la <em> discapacidad</em> es un producto de la particular combinación de un   atributo del sujeto, dado en el cuerpo, con unas condiciones sociales   y ambientales.</p>
<p>Esta nueva   clasificación se presentó como superadora de la primera, sin embargo   es interesante destacar que, desde su origen, ambas responden al   paradigma   profesional hegemónico y, en particular, al modelo médico hegemónico.   A pesar de que discursivamente se intenta despegar el campo de la <em> discapacidad </em>de la enfermedad, una y otra vez se sostiene que la   clasificación será útil “en el diagnóstico”, “para los usuarios   de los servicios de salud”. En la CIF se produce un cambio en las   formas de enunciar los términos (<em>discapacidad </em> por actividad, minusvalía por participación) que no implica modificación     sustancial sino más bien una nueva retórica que, buscando escapar   de lo peyorativo, se vuelve eufemística.</p>
<p>La Clasificación   mantiene como supuesto la comparación de la “participación de un   individuo con la participación esperada de un individuo sin <em>discapacidad </em> en esa cultura o sociedad” (OMS.  2001:174) dando por sentada   y natural la <em>normalidad</em> de esa <em>participación esperada. </em> Bajo la apariencia neutra de la nueva terminología, no resulta tan   distante del modelo médico, del que conserva conceptos centrales.</p>
<p>El discurso   médico sostiene la necesidad de identificar las causas y expresiones   corporales de aquello que se enuncia como <em>discapacidad</em> en un   diagnóstico.  Y es a partir de esa enunciación que se produce   la <em>discapacidad</em>. Si describiéramos ese proceso de producción   podríamos decir que supone dar por sentado que existe una evidencia   corporal de la <em>discapacidad</em>, una marca visible e incuestionable,   pero que –sin embargo- requiere de un aval científico, de una palabra   autorizada para la interpretación de esa evidencia corporal.  Una   posición   que supone que “<em>el cuerpo habla por sí mismo</em>”, y que la <em> discapacidad</em> está dada en ese cuerpo. De algún modo, el médico   nombra la <em>discapacidad</em> y la constituye en el momento de   nombrarla.</p>
<p>La <em>discapacidad </em> no existe como tal antes de su enunciación en un diagnóstico médico.   Sólo existen algunas características del sujeto que pueden   corresponderse   –bajo la observación de una mirada experta y si existe un conocimiento   que permita interpretarlo– con los signos y síntomas de un déficit.   La identificación de esos signos y síntomas y el establecimiento de   las correspondencias con una categoría nosográfica los materializa   como <em>discapacidad</em>. Es decir: existe una estrecha relación entre   lo visto y lo enunciable / enunciado, que una vez que es dicho, es   producido   como <em>discapacidad</em>.</p>
<p>Es posible   pensar entonces que la producción de <em>discapacidad</em> como   materialidad   es, en parte, una expresión del poder ejercido por el discurso médico.   A partir de esa materialización, se hacen las predicciones de su   evolución,   con y sin tratamiento de rehabilitación, se prescriben prácticas,   se elaboran profecías acerca de la vida del <em>discapacitado</em>.</p>
<p>A los integrantes   del equipo de investigación que integro en la Universidad Nacional   de Entre Ríos nos llevó un largo y dificultoso tiempo de lecturas   y análisis de nuestra experiencia de campo el intentar esta ruptura.   Porque si bien en un principio intentábamos un análisis crítico del   proceso de producción social de la <em>discapacidad</em>, dábamos por   supuesto que la existencia de un déficit –como un dado en la naturaleza-     en la base de la producción de <em>discapacidad</em>.</p>
<p>En esta búsqueda   se hizo necesario volver sobre las producciones ya trabajadas para   construir   otra mirada, una mirada que nos permitiera cuestionar(nos) como   portadores   de esas representaciones naturalizadas.</p>
<blockquote><p>Hoy nos   proponemos   pensar a la <em>discapacidad como una producción social, inscripta en   los modos de producción y reproducción de una sociedad. Ello supone   la ruptura con la idea de déficit, su pretendida causalidad biológica   y consiguiente carácter natural, a la vez que posibilita entender que   su significado es fruto de una disputa o de un consenso, que se trata   de una invención, de una ficción y no de algo dado.</em></p></blockquote>
<blockquote><p><em>Hablamos   de un déficit construido (inventado) para catalogar, enmarcar, mensurar   cuánto y cómo se aleja el otro del mandato de un cuerpo   “normal” del cuerpo Uno (único).</em></p></blockquote>
<blockquote><p><em>Es,   también,   una categoría dentro de un sistema de clasificación y producción   de sujetos. El parámetro de una normalidad   única para dicha clasificación es inventado en el marco de relaciones   de asimetría y desigualdad. Esas relaciones asimétricas producen tanto   exclusión como inclusión excluyente</em>.  (ROSATO y ANGELINO:   2009: 31)</p></blockquote>
<p>En este planteo,   que pretendemos inscripto en el modelo social, las restricciones   sociales   impuestas a las <em>personas con discapacidad</em> son pensadas como   producto   de la<em> normalidad bio-médica </em> que, naturalizada, opera como criterio de demarcación social. Las causas     de la discapacidad no son biológicas sino sociales.</p>
<p>Es preciso   comprender a la <em>discapacidad </em> como una forma particular de “construir” al otro distinto al nosotros   en términos de desigualdad, centrando críticamente el análisis en   las relaciones entre normales y anormales, sin que importe la “medida”   de la anormalidad. Esto definitivamente implica considerar las   condiciones   de desigualdad que dan origen al proceso de alterización y se refuerzan   como su producto.</p>
<p><strong><em>Bibliografía</em></strong></p>
<p>ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA     SALUD.  (1980).  <strong><em>Clasificación Internacional de Deficiencias,     Actividades y Participación.</em></strong> Ginebra.</p>
<p>ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA     SALUD.  (2001).  <strong><em>Clasificación Internacional del Funcionamiento,       de la Discapacidad y la Salud.</em></strong> Ginebra.</p>
<p>ROSATO, Ana y ANGELINO, María     Alfonsina (coordinadoras).  (2009) <strong><em>Discapacidad e ideología     de la normalidad.  Desnaturalizar el déficit.</em></strong> NovEduc.      Buenos Aires.</p>
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		<title>Verano</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:31:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan José Hernández</dc:creator>
				<category><![CDATA[01]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi padre, antes de hacer la siesta, ponía sobre la mesa del velador su reloj de bolsillo y su llavero; se quitaba la ropa, sus botas de gigante, y tendido en la cama se ofrecía desnudo a las caricias del ventilador. El sueño iba cerrando sus puños suavemente y desaparecía su ceño de león. Era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi padre, antes de hacer la siesta,</p>
<p>ponía sobre la mesa del velador</p>
<p>su reloj de bolsillo y su llavero;</p>
<p>se quitaba la ropa, sus botas de gigante,</p>
<p>y tendido en la cama se ofrecía desnudo</p>
<p>a las caricias del ventilador.</p>
<p>El sueño iba cerrando sus puños suavemente</p>
<p>y desaparecía su ceño de león.</p>
<p>Era verano: recostada a la sombra</p>
<p>de la higuera del fondo,</p>
<p>la perra en celo de ojos de gacela</p>
<p>olisqueaba su sexo con unción.</p>
<p>Gorriones alevosos picoteaban las brevas.</p>
<p>Juan José Hernández</p>
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		<title>Pasaje</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:31:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mirta Rosenberg</dc:creator>
				<category><![CDATA[01]]></category>

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		<description><![CDATA[a Diana Bellessi Un dedo demora por amor a la luz; por amor a la sombra un dedo declara. Por la boca es tormenta que arrecia y que arrebata. &#160; Un dedo delira: da mientes a ciertas líneas en manos. Pliega en los pliegues, osa, repliégase en rosa que no ha llegado a punto. &#160; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em> a Diana Bellessi</em></p>
<p>Un dedo demora</p>
<p>por amor</p>
<p>a la luz;</p>
<p>por amor a la sombra</p>
<p>un dedo</p>
<p>declara. Por la boca es</p>
<p>tormenta</p>
<p>que arrecia</p>
<p>y que arrebata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un dedo delira:</p>
<p>da mientes a ciertas</p>
<p>líneas</p>
<p>en manos. Pliega</p>
<p>en los pliegues,</p>
<p>osa,</p>
<p>repliégase</p>
<p>en rosa que no ha llegado</p>
<p>a punto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Irrumpió.</p>
<p>Mientes</p>
<p>que la palabra da</p>
<p>cuenta.</p>
<p><em>Es</em> de hecho. Delibera,</p>
<p>dada.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Doble sueño</title>
		<link>http://cuadernos.inadi.gob.ar/numero-01/roberto-echavarren-doble-sueno/</link>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:31:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Echavarren</dc:creator>
				<category><![CDATA[01]]></category>

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		<description><![CDATA[Llevabas el cabello suelto con meneo que tus pasos exageraban a chasquidos. Bajabas la calle. Nunca supe de ti. Tu resplandor quedó prendido al espejo convexo de un convertible estacionado. Los árboles rompían el silencio con crujidos. No era alegre la calle, no es alegre el silencio sino tranquilo, cóncavo en la palma de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llevabas el cabello suelto con meneo</p>
<p>que tus pasos exageraban a chasquidos.</p>
<p>Bajabas la calle. Nunca supe de ti.</p>
<p>Tu resplandor quedó prendido</p>
<p>al espejo convexo de un convertible estacionado.</p>
<p>Los árboles rompían el silencio con crujidos.</p>
<p>No era alegre la calle,</p>
<p>no es alegre el silencio sino tranquilo,</p>
<p>cóncavo en la palma de la mano. Después de tu pasaje</p>
<p>pareció que podías llegar. O alguien podía</p>
<p>vernos a los dos en otra parte: ni antes ni después, </p>
<p>sino al costado. Bajabas del convertible</p>
<p>con tricota rosada. La portezuela al cerrarse</p>
<p>implicó otras subidas y bajadas.</p>
<p>Habíamos estado juntos una vez, pero en la vida paralela</p>
<p>tuve el hábito de estar cerca.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Nocturno de Los Angeles</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:31:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavier Villaurrutia</dc:creator>
				<category><![CDATA[01]]></category>

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		<description><![CDATA[Se dir&#237;a que las calles fluyen dulcemente en la noche. Las luces no son tan vivas que logren desvelar el secreto, el secreto que los hombres que van y vienen conocen, porque todos est&#225;n en secreto y nada se ganar&#237;a con partirlo en mil pedazos si, por el contrario, es tan dulce guardarlo y compartirlo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Se dir&iacute;a que las calles fluyen dulcemente en la noche.</p>
<p> Las luces no son tan vivas que logren desvelar el secreto, </p>
<p> el secreto que los hombres que van y vienen conocen,</p>
<p> porque todos est&aacute;n en secreto</p>
<p> y nada se ganar&iacute;a con partirlo en mil pedazos</p>
<p> si, por el contrario, es tan dulce guardarlo</p>
<p> y compartirlo s&oacute;lo con la persona elegida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p> Si cada uno dijera en un momento dado,</p>
<p> en s&oacute;lo una palabra lo que piensa,</p>
<p> las cinco letras del DESEO formar&iacute;an una enorme cicatriz luminosa,</p>
<p> una constelaci&oacute;n m&aacute;s antigua, m&aacute;s viva aun que las otras,</p>
<p> y esa constelaci&oacute;n ser&iacute;a como un ardiente sexo</p>
<p> en el profundo cuerpo de la noche,</p>
<p> o, mejor, como los Gemelos que por vez primera en la vida</p>
<p> se miraron de frente, a los ojos, y se abrazaran ya para siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p> De pronto el r&iacute;o de la calle se puebla de sedientos seres.</p>
<p> Caminan, se detienen, prosiguen.</p>
<p> Cambian miradas, atreven sonrisas.</p>
<p> Forman imprevistas parejas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p> Hay recodos y bancos de sombra,</p>
<p> orillas de indefinibles formas profundas</p>
<p> y s&uacute;bitos huecos de luz que ciega</p>
<p> y puertas que ceden a la presi&oacute;n m&aacute;s leve.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p> El r&iacute;o de la calle queda desierto un instante.</p>
<p> Luego parece remontar de s&iacute; mismo</p>
<p> deseoso de volver a empezar.</p>
<p> Queda un momento paralizado, mudo, anhelante</p>
<p> como el coraz&oacute;n entre dos espasmos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p> Pero una nueva pulsaci&oacute;n, un nuevo latido</p>
<p> arroja al r&iacute;o de la calle nuevos sedientos seres.</p>
<p> Se cruzan, se entrecruzan, y suben.</p>
<p> Vuelan a ras de tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p> Nadan de pie, tan milagrosamente</p>
<p> que nadie se atrever&iacute;a a decir que no caminan.</p>
<p> Son los &Aacute;ngeles.</p>
<p> Han bajado a la tierra</p>
<p> por invisibles escalas.</p>
<p> Vienen del mar, que es el espejo del cielo, </p>
<p> en barcos de humo y sombra,</p>
<p> a fundirse y confundirse con los mortales,</p>
<p> a rendir sus frentes en los muslos de las mujeres,</p>
<p> a dejar que otras manos palpen sus cuerpos febrilmente,</p>
<p> y que otros cuerpos busquen los suyos hasta encontrarlos</p>
<p> como se encuentran al cerrarse los labios de una misma boca,</p>
<p> a fatigar su boca tanto tiempo inactiva,</p>
<p> a poner en libertad sus lenguas de fuego,</p>
<p> a decir las canciones, los juramentos, las malas palabras</p>
<p> en que los hombres concentran el antiguo misterio</p>
<p> de la carne, la sangre y el deseo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p> Tienen nombres supuestos, divinamente sencillos.</p>
<p> Se llaman Dick o John o Louis.</p>
<p> En nada sino en la belleza se distinguen de los mortales.</p>
<p> Caminan, se detienen, prosiguen.</p>
<p> Cambian miradas, atreven sonrisas.</p>
<p> Forman imprevistas parejas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p> Sonr&iacute;en maliciosamente al subir en los ascensores de los hoteles</p>
<p> donde a&uacute;n se practica el vuelo lento y vertical.</p>
<p> En sus cuerpos desnudos hay huellas celestiales:</p>
<p> signos, estrellas y letras azules.</p>
<p> Se dejan caer en las camas, se hunden en las almohadas</p>
<p> que los hacen pensar todav&iacute;a un momento en las nubes.</p>
<p> Pero cierran los ojos para entregarse mejor a los goces de su encarnaci&oacute;n misteriosa</p>
<p> y cuando duermen sue&ntilde;an no con &aacute;ngeles, sino con los mortales.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Editorial</title>
		<link>http://cuadernos.inadi.gob.ar/numero-01/claudio-morgado-editorial/</link>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 17:31:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio Morgado</dc:creator>
				<category><![CDATA[01]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuadernos2.inadi.gob.ar/?p=38</guid>
		<description><![CDATA[La discriminación y el racismo son fenómenos que atraviesan la economía, la política, la vida pública y la privada. Como un aleph, a través de esas experiencias dramáticas podemos leer el estado de una sociedad en un momento dado. No son “fenómenos aislados”, como tantas veces se los define, sino a la inversa, son profundas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La discriminación y el racismo son fenómenos que atraviesan la economía, la política, la vida pública y la privada. Como un aleph, a través de esas experiencias dramáticas podemos leer el estado de una sociedad en un momento dado. No son “fenómenos aislados”, como tantas veces se los define, sino a la inversa, son profundas y poderosas articulaciones culturales que se intersectan con discursos, acciones, imaginarios, prejuicios, estereotipos de larga tradición histórica. Si así lo concebimos, la lucha contra el racismo y la discriminación no es tampoco un fenómeno aislado: exige un profundo pensamiento político sobre el cambio cultural, la transformación social, la innovación intelectual, la justicia, y el compromiso militante.</p>
<p><em>Cuadernos del INADI,</em> la revista que con orgullo concibe hoy su primer número, espera hacer su pequeño pero consecuente aporte a esta esperanza de cambio social. Es nuestra intención darle cabida al pensamiento riguroso, al ensayo de ideas, a la producción universitaria, a la escritura literaria, al debate teórico. Un organismo como el INADI no puede estar ajeno a las grandes discusiones teórico-políticas que recorren nuestras sociedades. O mejor dicho: no sólo no puede estar ajeno, sino que debe ser él también generador de esos debates, disparador de discusiones públicas, amplificador de las cuestiones que atraviesan nuestro presente.</p>
<p>Creemos que <em>Cuadernos del INADI</em> va en esa dirección.</p>
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