Parentalidades gays y lesbianas

una mirada sobre la discriminación y la exclusión

1. Introducción

En términos metodológicos, el estudio se apoya en una investigación cualitativa realizada en los meses de septiembre a diciembre de 2008 y enero de 2009 en la que se realizaron 22 entrevistas a varones gays y mujeres lesbianas con hijos/as o proyecto de tenerlos/as. El criterio para establecer el grupo muestral se determinó por la saturación teórica1 de los datos (Glaser y Strauss, 1967). Tanto por cuestiones fácticas (la menor cantidad de familias con padres gays y/o madres lesbianas, en comparación a las familias con padres y madres heterosexuales), como por cuestiones ligadas a la discriminación y estigmatización de la no heterosexualidad (que dificulta visibilizar tales arreglos familiares), fue compleja la accesibilidad al campo de estudio. Por tal motivo, no se estipularon criterios sexo/genéricos o sociodemográficos para tomar las entrevistas2. Si bien, variables como el sexo/género o la edad permiten comprender y explicar gran parte de las experiencias y percepciones vinculadas a los contextos familiares, se tomó como único criterio para realizar las entrevistas el que las y los participantes tuvieran hijos/as o proyectos de tenerlos/as. Las entrevistadas y los entrevistados fueron reclutados mediante agrupaciones lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, travestis e intersex (desde ahora LGTTBI) y a través del método de bola de nieve. Para realizar las entrevistas, se concretaba con el contacto vía mail o telefónicamente, y se acordaba el día, hora y lugar para efectuarla. La mayoría de las entrevistas, fueron hechas en bares y duraron entre 40 minutos y una hora.

En lo que sigue, y como producto de un recorrido analítico del informe, presentamos tres tipos de discriminación que afectan a las familias compuestas por parentalidades gays y lesbianas: discriminación social, discriminación simbólica y discriminación jurídica. Y advertimos cómo estos procesos discriminatorios generan consecuencias no buscadas (Giddens, 1998: 47) al plasmar otras desigualdades al interior del colectivo: desigualdad económica y desigualdad genérica. Tanto la discriminación como la desigualdad producen situaciones de desprotección de madres, padres, hijos e hijas.

2. Tipos de discriminación y sus efectos de desigualdad al interior del colectivo

2.1. Discriminación social

Este tipo de discriminación se asocia a los procesos de estigmatización, marcaje y exclusión producidos hacia un determinado grupo de personas. Cabe advertir que el marcaje no sólo es un medio para la segregación de un grupo, por ejemplo en términos de no reconocimiento, sino también para el desconocimiento y exotización del otro.

La discriminación social se difunde en diversos contextos de la vida de las personas no LGTTBI, en relación a sus familias. En los casos en que se ha tenido hijos o hijas de uniones heterosexuales anteriores, se observan ejemplos de discriminación sentida (Pecheny, 2005: 140); esto es, situaciones de sentimientos de enfermedad y perversión, en relación a sus hijos, en especial cuando nace el sentimiento gay o lésbico. Situaciones similares se ven en relación a las familias de crianza, en las reacciones de los familiares respecto de la parentalidad no heteronormativa, y los sentimientos de vergüenza o de negociación del secreto que vivencian gays y lesbianas cuando comienzan a sentir o dan a conocer su orientación sexual. La discriminación social provoca, asimismo, un sistema hipócrita de doble moral que, si bien en la actualidad está comenzando a mermar, sigue presente la condena de la no heterosexualidad en el ámbito de lo público. Los efectos de ello, en los contextos familiares, implican que padres gays o madres lesbianas junto a sus hijos deban mantener ciertos recaudos en los espacios públicos, de una manera que no lo hacen en el ámbito privado.

En el caso de mujeres que eligen ser madres llevando a cabo una maternidad conjunta y lesbiana, se producen otros casos de discriminación social, en especial cuando se hace uso de las tecnologías de reproducción asistida. Más allá de la desigualdad económica que esto conlleva, como vemos luego, muchos centros no realizan tales tratamientos a mujeres solas heterosexuales o mujeres lesbianas (solas o en pareja). Ello produce, por ejemplo, que parejas de mujeres mientan y no se presenten como una pareja que busca llevar a cabo un proyecto común de maternidad. En otros casos, se toma el cuerpo de la mujer lesbiana con un total desconocimiento, exotizándolo de tal manera que se lo medicaliza, incluso cuando no es necesario por ejemplo cuando no hay síntomas de infertilidad. Los riesgos de ello son los costos psicológicos, físicos y la generación de embarazos múltiples no buscados.

Por último, la escuela. En la Argentina, la escuela, fue uno de los dispositivos creadores de unidades ficticias mediante el desprestigio y exclusión de la diversidad. Tal institución, fue uno de los ámbitos más renombrados en los relatos, por los miedos y los efectos de la discriminación social en el mismo. Un primer miedo es a la discriminación por parte de la escuela; esto es, que la institución decida no recibir al niño o niña (y hablaríamos en este caso de discriminación educativa), o tener que manejar el discurso con eufemismos, al presentarse como la madre y la “amiga de la madre”. Un segundo miedo es a la discriminación por los otros padres y madres de la escuela, que no dejen que sus hijos o hijas se junten, las miradas, o simplemente que insistan en ver padres donde sólo hay madres, o madres donde sólo hay padres (si bien ello remite a la discriminación simbólica). La escuela produce otros efectos no buscados, en términos de exclusiones (en este caso, económicas), pues la consecuencia de la discriminación en los colegios es el envío de los chicos o chicas a instituciones altamente costosas que, si bien, manejan un criterio de diversidad más amplio, no son inclusivas en cuanto a los costos de la cuota.

2.2. Discriminación simbólica

Este tipo de discriminación refiere a los procesos de significación que, mediante la sedimentación de un modelo y perspectiva universal sobre los significados, ha instalado ciertos arquetipos de lo familiar como únicos. El principal efecto de tal universalización es la de hacer impensables, en términos simbólicos, otro tipo de configuraciones familiares.

La discriminación simbólica se materializa en el paradigma de la bi-parentalidad (heterosexual y reproductiva) como única posibilidad de parentalidad y de buena crianza. Los argumentos del tipo: “un chico o chica tiene que tener un papá y una mamá”, “el chico o chica puede sufrir”, “tendrá daños psicológicos”, incluso en visiones más positivas como la de “hay muchos chicos o chicas en la calle” o “la sociedad no está preparada”, se funden en esta visión naturalizada y desplegada por el dispositivo heteronormativo. Los efectos derivados de la heteronormatividad no sólo forman parte de los diversos sentidos comunes de una sociedad excluyente, sino también de las representaciones sociales que, incluso entre aquellos y aquellas que experimentan la discriminación, las reproducen. En varios de los relatos las representaciones sociales sobre la crianza se funden en el arquetipo nuclear y heterosexual, no sólo en términos reales sino también simbólicos. Por ejemplo, en testimonios que insisten en dejar asentado prácticas paternas y maternas en dos mujeres lesbianas que llevan a cabo una parentalidad conjunta. Si bien, y en comparación a los casos de mujeres heterosexuales (diagnosticadas como infértiles) que realizan tratamientos de reproducción asistida, la interpelación de lo biológico es cardinal, en el caso de mujeres lesbianas se observa cómo tal discurso no asienta los mismos efectos. Pero también se ve cómo ese discurso reaparece en la incorporación de un discurso biológico en las discusiones sobre “madres gestantes” y “madres no gestantes”3. Posiblemente hayan tenido mucha influencia las nociones sobre lo natural, heredadas de las diversas moralidades religiosas, pero también de los presupuestos positivistas que han sustentado mucho tiempo las disciplinas del psicoanálisis, la antropología y la sociología.

La discriminación simbólica se presenta en los debates teóricos, públicos e incluso en los testimonios, como aquella forma de exclusión más renombrada, sea implícita o explícitamente. Nuevamente, las investigaciones sobre el papel sexuado y genérico, al interior de una familia, o la posible influencia (o no) que pueda tener la orientación sexual de padres o madres, se encuentra en el nudo de tales discusiones. Pero, asimismo, este tipo de discriminación forma parte de las vidas cotidianas de quienes llevan a cabo una familia no heteronormativa, incluso de quienes, desde fuera, parecieran inclinarse hacia la apertura. Por ejemplo, los médicos que hacen tratamientos de procreación asistida y plantean como “madre” sólo a quien pone el cuerpo para desarrollar el embarazo.

2.3. Discriminación jurídica

Este tipo de discriminación se asocia a las situaciones de no reconocimiento legal que viven las personas no heterosexuales en relación a sus contextos familiares.

La discriminación jurídica se vive en términos indirectos, más que directos (Pecheny, 2005: 140), pues ello se asocia a las regulaciones privativas que impiden ciertos derechos, aunque se haga una presentación discursiva de su universalidad. Los ejemplos más actuales son la imposibilidad de casarse o de adopción para personas no heterosexuales. En el caso de la adopción se hace más explícito tal impedimento, por dos cuestiones. Por un lado, pues la exigencia del matrimonio para poder adoptar rige tanto para heterosexuales como para no heterosexuales, con la particularidad de que para los no heterosexuales dicha posibilidad es nula (sólo pueden casarse el varón y la mujer heterosexual entre sí). Por otro lado, el derecho no impide que una persona LGTTBI pueda adoptar un chico o chica, como soltera, pero en la ejecución de la ley y en la práctica, tal persona se encuentra en desventaja respecto de una persona heterosexual, incluso soltera.

Asimismo, hay otros casos de discriminación jurídica, también asociada a la parentalidad no heteronormativa que, si bien encuentran matices de resistencia, promueven y generan otros sistemas de exclusiones. Por un lado, las situaciones de padres gays y madres lesbianas que han tenido hijos o hijas en relaciones heterosexuales anteriores, que, cuando se da a conocer su orientación sexual, se acciona ante el Estado para evaluar las capacidades parentales. Estos casos son los menos difundidos en la actualidad (incluso en nuestros testimonios no hubo relatos de este tipo) pero son realidades existentes que, si se las cruza con otras variables como el sexo/género o la económica, se hacen más palpable, por ejemplo en los casos de desigualdad económica entre las figuras parentales. Por otro lado, la inexistencia de regulación para llevar a cabo tratamientos de procreación asistida que, además de los efectos en términos de discriminación social y simbólica, generan desigualdades de género entre varones y mujeres, pues para los primeros el alquiler de vientre no está permitido en la Argentina. Para el caso de mujeres que han logrado tener hijos o hijas productos de las tecnologías de procreación asistida, las situaciones de indefensión jurídica para quién no ha sigo gestante, son muchas. La desprotección es, en este caso, recíproca. De las madres hacia sus hijos o hijas, y de sus hijos o hijas respecto de sus madres.

Si bien las formas más habituales de discriminación son experimentadas en términos sociales y simbólicos, la discriminación jurídica es la que genera efectos de mayor gravedad, en relación a la desprotección. Lo que se promueve con ello es la generación de “ciudadanías de baja intensidad” (O’Donnell, 1993: 69); pues los derechos deben pensarse de una manera sistémica; esto es, que contemple su costado civil, social y político. El cercenamiento de uno de ellos, como los derechos civiles, impacta sobre el pleno desarrollo de los otros derechos.

A continuación describimos cómo la discriminación social, simbólica y jurídica genera efectos colaterales, instituyendo desigualdades al interior del colectivo LGTTBI en relación a sus contextos familiares.

2.4. Desigualdad económica

Este tipo de desigualdad, si bien es estructural, también es una consecuencia no buscada de los tipos de discriminación antes descriptos. En relación a la discriminación social y simbólica, pues la variable económica promueve situaciones de mayor acojo social y simbólico, como por ejemplo en determinadas escuelas privadas que promueven proyectos de diversidad, pero que son altamente costosas en lo que respecta a la cuota. En relación a la discriminación jurídica, la imposibilidad legal de adopción promueve desigualdades económicas para aquellas que deciden como opción las tecnologías de reproducción asistida. Con ello no planteamos, ni sugerimos, que la vía tecnológica es la respuesta a la imposibilidad de adoptar pues muchas mujeres deciden este medio, por diversas razones en las cuales puede incluirse el no deseo a la adopción. Igualmente, sí consideramos que ampliando los umbrales jurídicos en materia de derechos, como el de adopción, hay mayores posibilidades para aquellos o aquellas que no pueden acceder en términos económicos a las nuevas tecnologías, en especial para las mujeres sin recursos o los varones en general. Podemos agregar, también, que en términos de efectos de discriminación jurídica las situaciones de desprotección para las familias que no pueden tener un reconocimiento legal, también promueve una desigualdad económica, por ejemplo en el acceso a servicios de salud familiares. En tales casos, quienes gozan de mayores recursos se les hace menos costoso estos efectos colaterales de la discriminación jurídica.

2.5. Desigualdad genérica

Este tipo de desigualdad se evidencia en la relación establecida entre varones y mujeres, respecto a la parentalidad. También este caso es un efecto de los tres tipos de discriminación desarrollados. En relación a la discriminación social y simbólica, pues se encuentra más estigmatizado el varón gay que la mujer lesbiana, en términos de parentalidad, ya que la presencia materna (de una mujer) pareciera estar instalada de manera más arraigada y necesaria que la del padre. Ello, asimismo, sigue promoviendo las diversas representaciones sociales vinculadas a la maternidad (el ámbito de lo privado y lo sensible) y la paternidad (el ámbito de lo público y lo racional) que tanto ha sopesado, en especial a las mujeres, como lo han desarrollado diversos feminismos, fundamentalmente el feminismo de la igualdad. En relación a la discriminación jurídica, para los varones se les hace mucho más costoso poder concretar sus deseos parentales. Por un lado, pues en términos de adopción realizarlo como pareja no es posible, y hacerlo como padre soltero (y gay) lo coloca último en la lista. Por otro lado, porque si quisiera tener un hijo o hija mediante tecnologías de procreación asistida, incluso pudiéndolo costear, en la Argentina no está permitido el alquiler de vientre lo que constituye otra restricción para los varones.

3. Reflexiones finales

Las situaciones de discriminación y desprotección para las familias no heteronormativas constituyen un tema a abordar, en especial en el campo jurídico, aunque otros dispositivos institucionales como la escuela deben promover la no discriminación y el respeto a la diversidad. La posición del Estado, en relación con el reconocimiento de las familias no heteronormativas, plantea un doble juego. Pues, por un lado, observamos un Estado ausente (o parcialmente presente) en lo que respecta al reconocimiento formal de parejas no heterosexuales y, junto a ello, un reclamo por matrimonio; pero, por el otro, encontramos un Estado muy presente en lo que respecta a las cuestiones de parentalidad LGTTBI, ya que las regulaciones y limitaciones para poder ejercerla son excesivas (Butler, 2006: 153). Ambos temas son importantes, pero involucran debates distintos pues incluso el origen de ambas temáticas como cuestión pública se debe a causas diferentes. El primero se asocia, en mayor parte, al VIH/sida y a la vulnerabilidad económica y social de los miembros de las parejas en situaciones como la herencia, la cobertura de salud, el acompañamiento en momentos de salud crítica. El segundo se vincula, en un principio, a las situaciones de indefensión de las madres que han tenido hijos o hijas en uniones heterosexuales anteriores y que, cuando se dio a conocer su orientación sexual lesbiana, el padre ha accionado en el Estado para quitarle la criatura a la madre o para que el Estado evalúe las capacidades de maternaje. En la actualidad, las cuestiones alrededor del matrimonio y de la parentalidad no heterosexual encuentran puntos de contacto e, incluso, estrategias comunes desde parte del activismo LGTTBI. Estas situaciones contemplan pedidos de matrimonio, con la inclusión de la herencia y la adopción, como regulaciones en torno a las tecnologías de reproducción asistida, lograr la patria potestad compartida, o el reconocimiento de la pareja de la madre o del padre no heterosexual que han tenido hijos de uniones heterosexuales anteriores.

Ahora bien, nos preguntamos entonces: ¿el Estado debe avanzar en estos campos, incluso a contracorriente de lo que una sociedad proyecta, tanto en términos sociales como simbólicos? Dar cuenta de discursos como “la sociedad no está preparada” o “el chico o chica pueden sufrir en una sociedad que discrimina”, son tan atinados para referir a una realidad excluyente, como reaccionarios en cuanto a la inacción. La democracia no sólo es un modo formal de gobierno, regido por la regla de la mayoría, sino también desacuerdos y disensos entre el campo jurídico y la “sociedad”, que eminentemente inciden en el tipo de Estado y de ciudadanía que se tienen o se esperan. Las prácticas y las familias no heteronormativas continúan siendo estigmatizables. Pero si el prejuicio social fuese tomado como el criterio para restringir los derechos de parentalidad a parejas no heterosexuales, sólo un limitado grupo de adultos sería elegible para ejercerla (Stacey y Biblarz, 2003: 90). Pasar el umbral de lo que el pensamiento liberal ha considerado como “derechos negativos” para considerar la importancia de ejercer libremente el derecho a ser padres y madres a parejas no heterosexuales, implica fuertes consideraciones que exceden incluso el campo de lo jurídico. Romper con el esencialismo de la heteronormatividad, y sus efectos sociales, simbólicos y jurídicos discriminatorios es seguramente una de las primeras tareas a realizar.

Notas

1 Tal saturación se presenta mediante la combinación de los límites empíricos que determinan los datos, la integración y densidad de la teoría y la sensibilidad teórica de quien realiza la investigación (Jones, Manzelli, y Pecheny, 2004: 55)

2 En términos sexo/genéricos, la muestra quedó compuesta por 15 mujeres y 7 varones. Del total, 17 dijeron tener hijos y 5 no tener hijos, pero sí deseos de tenerlos. De aquellas y aquellos que manifestaron tener hijos, 12 dijeron haberlos tenido mediante el uso de tecnologías de reproducción asistida y 5 como producto de una unión heterosexual anterior. De quienes dijeron no tener hijos, 4 plantearon querer tenerlos por la modalidad de la procreación asistida, 2 por vía adoptiva y 2 a través de un sistema de co-parentalidad. Todos los y las entrevistadas dijeron estar en pareja al momento de la entrevista y con alguien de su mismo sexo. Con respecto a las variables sociodemográficas, se trata de una muestra mayor a 25 años (un 50% dijo tener entre 30 a 39 años y un 32% entre 40 a 49), con un nivel de instrucción alto (un 91% dijo tener desde terciario completo), con una regularidad laboral formal (82%) y con niveles de ingresos que superan los 2000 pesos (sólo un 9% dijo ganar entre 1750 a 1999 pesos. De 2000 a 2999, un 23%; de 3000 a 3999, un 18% y 4000 o más, un 50%). Por su parte, un 27% dijo residir en provincia de Buenos Aires, y un 73% en Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

3 El desarrollo de tal debate puede consultarse en Libson (2009: 57)

Referencias bibliográficas

-Butler, Judith (2006). Deshacer el género. Barcelona: Paidós.

-Giddens, Anthony (1998). La constitución de la sociedad. Bases para la teoría de la estructuración. Buenos Aires: Amorrortu.

-Glaser, Barney y Strauss, Anselm (1967). The discovery of Grounded Theory: Strategies of Qualitative Research. Chicago: Aldine.

-Jones, Daniel; Manzelli, Hernán y Pecheny, Mario (2004): “La teoría fundamentada: su aplicación en una investigación sobre vida cotidiana con VIH/sida y con hepatitis C”. En Ana Lía Kornblit (coord.). Metodologías cualitativas en ciencias sociales. Modelos y procedimientos de análisis. Buenos Aires: Biblos. pp. 47-76.

-Libson, Micaela (2009). “Parecidos de familia. Aproximaciones teórico-metodológicas a la construcción del objeto ‘familias post-heteronormativas’”. Tesis de Maestría en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural, Instituto de Altos Estudios Sociales – Universidad Nacional de General San Martín

-O’Donnell, Guillermo (1993). “Estado, democratización y ciudadanía”, en Revista Nueva Sociedad, Nº 128, Noviembre-Diciembre. (pp. 62-87.)

-Pecheny, Mario (2005). “Identidades discretas”. En Leonor Arfuch (comp.). Identidades, sujetos y subjetividades. Buenos Aires: Prometeo. pp. 131-153.

-Stacey, Judith y Biblarz, Timothy (2003). “¿Importa la orientación sexual de los progenitores? (y si es así, ¿cómo?)”, en Osborne, Raquel y Guasch, Óscar (comps.). Sociología a de la sexualidad. Madrid: Siglo XXI. (pp. 51-98).

El presente trabajo conforma un extracto del informe La diversidad en las familias: un estudio sobre parentalidad gay y lesbiana, en el marco del Concurso de Proyectos de Investigación sobre Discriminación, Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), Buenos Aires, 2009. En tal informe analizamos las experiencias de parentalidad de gays y lesbianas, con hijos o con deseos de tenerlos y expusimos elementos teóricos que permitiesen inscribir los relatos y formular tipologías y códigos emergentes para el abordaje de esta temática.

Micaela Cynthia Libson

Doctoranda en Ciencias Sociales (FSOC/UBA). Mg. en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural (IDAES/UNSAM). Licenciada en Ciencia Política (FSOC/UBA). Becaria doctoral CONICET. Docente de Filosofía y Métodos de las Ciencias Sociales (FSOC/UBA). Pertenencia Institucional: Grupo de Estudios sobre Sexualidades (IIGG/FSOC/UBA).