Apuntes para pensar políticas públicas en villas y asentamientos del AMBA

Los barrios informales en el Área Metropolitana de Buenos Aires se expresan básicamente en dos formas que condensan tanto aspectos físicos-urbanos como procesos sociales distintos: las villas, que se encuentran ubicadas en el área central, es decir la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y su primera conurbación. Los llamados asentamientos o tomas de tierra se encuentran ubicados más hacia la periferia, en zonas de menor densidad poblacional. Las primeras se observan desde el comienzo del siglo XX y su configuración urbana se caracteriza por calles irregulares y pasillos angostos, mientras que los segundos surgieron a partir de 1980 en respuesta a nuevas condiciones de acceso a la ciudad más restrictivas, e imitaron las urbanizaciones lindantes, en cuanto a dimensiones de los lotes y a la cuadrícula urbana (con reserva inclusive de espacios verdes y equipamiento comunitario). Esto facilitaría, desde el punto de vista de los pobladores, la integración urbana con el resto de la ciudad, a la vez buscando, sin lograrlo, escapar a las estigmatizaciones que sufren quienes viven en las villas.

Los inmigrantes transatlánticos entre fines del siglo XIX y la década de 1930 resolvieron la vivienda por medio de formas precarias de alquiler a nivel masivo en los llamados “conventillos”, pero pronto pudieron acceder a precios baratos al mercado de suelo urbano. Esta posibilidad actualmente está vedada para los sectores populares. Podemos remarcar dos procesos deterioraron en los últimos 40 años las formas de acceso a la ciudad para estos grupos y que son las causas estructurales del crecimiento de la informalidad en el AMBA y en el resto del país:

  1. A mediados de los años 70, en el marco del último gobierno militar se dieron una serie de medidas que significaron un punto de inflexión en la vida de la ciudad: a) normativas urbanas (decreto ley 8912 en el caso del Gran Buenos Aires) que impidieron los loteamientos sin infraestructura, lo que encareció el precio de los mismos.; b) mecanismos indexatorios en los precios de todas las mercaderías y en especial la que se compraba a plazos, como los lotes urbanos y en los alquileres (que se encontraban hasta entonces regulados), por lo que aumentó significativamente sus precios; c) deterioro del salario real y una distribución de la riqueza desfavorable para los trabajadores; d) desindustrialización (tener en cuenta que las industrias nacionales se radicaban mayoritariamente en esta región) por medio de la apertura económica que implicaba la quita de aranceles aduaneros y leyes de radicación industrial que indicaban su retiro de la capital federal; e) la desindustrialización implicó el crecimiento del desempleo o formas precarias de empleo; f) políticas de erradicación de asentamientos informales en el área de la capital federal (en alguna medida significó el aumento poblacional de los mismos en el Conurbano Bonaerense); g) la construcción de autopistas que involucró la expropiación de edificaciones de departamentos que albergaban a inquilinos que tuvieron que buscar otras soluciones habitacionales y h) la represión política incluyó las organizaciones reivindicativas (y sus dirigentes) de los pobladores de las villas e impidió la presentación de demandas de mejora de los barrios.
  2. A comienzos de los años 90, luego de intentos de política de estabilización económica y monetaria fallidos que terminaron con el estallido de procesos hiperinflacionarios y el consecuente conflicto social, hubo modificaciones en las políticas públicas que marcaron otra serie de impactos concretos en la forma de habitar la ciudad: a) apertura económica que provocó el cierre de numerosas industrias, nuevamente con la consecuente pérdida de empleo y crecimiento de la desocupación, que llegó a más de un 20% de la población económicamente activa; b) flexibilidad laboral que implicó una precarización del empleo y nueva caída del salario real; c) privatización de los servicios públicos urbanos, que trajo dos consecuencias: el fin de la etapa de “enganche” clandestino a los servicios por parte de los habitantes de los asentamientos informales y la suba de las tarifas que se encarecieron notoriamente, y virtualmente, impidieron su acceso (esto llegó inclusive a incluir en algunas etapas el corte de agua corriente), mientras que el aumento de precio del transporte de pasajeros (tanto ferroviario como automotor) generaba un mayor gasto familiar para aquellos que vivían en la periferia; d) estabilización monetaria que permitió el boom en el mercado de la construcción y, al mismo tiempo, la compra de materiales para la autoconstrucción por parte de los sectores que tenían ingresos suficientes; e) acceso al financiamiento para la vivienda para los sectores medios por medio de la banca privada; f) el auge de las urbanizaciones cerradas de elite en el periurbano consumieron suelo posible de ser ocupado por los sectores populares (la tecnología implicó, por ejemplo, recuperar zonas inundables) y g) continuó la falta de oferta de lotes para sectores populares (que ya esta altura estaba agotada la oferta que había quedado como remanente luego de la sanción del decreto ley 8912); h) hasta muy recientemente la oferta de vivienda estatal aportaba cifras irrisorias, lo que por lo tanto hacía que no tuviera impacto sobre el déficit que se seguía acumulando con el correr de las décadas. A esto debe sumar en el caso de los migrantes del interior del país o de países limítrofes las barreras a la entrada en el mercado del alquiler.

Entonces, la situación de imposibilidad de acceso al mercado del suelo o vivienda de los sectores populares urbanos del AMBA generó el surgimiento o crecimiento de las modalidades de ocupación de suelo urbano. Con excepción del período 1995-2003, que debido a la aguda crisis los sectores populares debieron priorizar la prosecución de bienes más urgentes (particularmente trabajo y alimento), no dejaron de producirse nuevas tomas de tierras, en particular son conocidos los hechos de diciembre del 2010. Es difícil tener un registro preciso, pero por ejemplo al 2005 se registraban 819 casos con un mínimo de 1.200 personas en la región (Cravino et. Al 2008). Inclusive cuando entre el 2005 y 2008 se construyeron cerca de 40.000 vivienda de interés social, es decir más de todo lo que se hizo entre 1976 y 2003.

Paralelamente a este movimiento de nuevas invasiones de tierra se da un crecimiento del mercado inmobiliario informal. Este crecimiento se expresa en dos submercados: la compra-venta de suelo urbano o viviendas y el alquiler, básicamente de cuartos con baño compartido. Sostenemos que se trata de un mercado en crecimiento ante la escasez inclusive de suelo para ocupar.

Palabras finales

En el marco de fuertes acciones del Estado en cuanto al acceso a la vivienda es necesario realizar un debate sobre dichas políticas implementadas.

Las villas y los asentamientos son urbanizaciones, son fragmentos de ciudad autoproducidas. Entonces, en primer lugar, deben ser pensadas por su positividad, son parte de la solución del problema habitacionales, pero son sin duda una respuesta parcial. No son ciudades acabadas. Faltan servicios públicos y en muchos casos el reemplazo, mejoramiento o completamiento de las viviendas. De acuerdo el caso también falta espacio público, calles, iluminación, veredas, seguridad, etc. En ese sentido deben encaminarse las acciones, pero sin olvidar la importancia que tiene el estigma de vivir en estos barrios, para lo cual se deben tomar medidas, como un lenguaje cuidadoso y respetuoso (que debe incluir a los medios de comunicación) que rompa con la tradición del “relato militar” de la última dictadura, que los consideraba delincuentes. Son sujetos con derechos vulnerados. Sin duda, el Estado tiene una deuda con ellos y debe pensarse que si se quiere evitar su crecimiento, no sólo alcanza con construir viviendas sino garantizar el acceso al suelo urbano y comenzar a intervenir en un mercado totalmente desregulado que remite al paradigma neoliberal.

Bibliografía

Cravino, M.C. – Del Río, J.P – Duarte, J.I (2008) “Un acercamiento a la dimensión cuantitativa de los asentamientos y villas del Área Metropolitana de Buenos Aires” (en co-autoría con Juan Ignacio Duarte y Juan Pablo del Río) En: Cravino, M.C. (org) (2008) “Los mil barrios (in)informales del Área Metropolitana de Buenos Aires”. Universidad Nacional de General Sarmiento. Los Polvorines.

María Cristina Cravino