Reencontrar el sentido de lo negativo

La Edad Moderna, que comienza –para ubicarla rápidamente en el marco de esta reflexión- con la Revolución Francesa, ha puesto en evidencia la parte negativa de un retorno retrospectivo. La experiencia, personal o colectiva, se ha vuelto una experiencia de conflicto, de contradicción.

La filosofía –principalmente a partir de Hegel, y de un modo diferente con Heidegger y Sartre- sostiene esencialmente que en el ser mismo actúa la nada.

Esta copresencia de la nada en el ser adquirió la forma de una dialéctica en Hegel.
Heidegger, ya en su texto ¿Qué es metafísica? (1929), establece la diferencia entre la negación interna al juicio y una nada que también aniquila aunque de un modo diferente al del pensamiento; el filósofo buscará en la sensación y en la angustia las formas nucleares de lo que él llama una repulsión, rasgo característico del hombre, ese “re-jeté”, ese “je-te” del ser. El Dasein es una repulsión, el éx-tasis es el otro nombre de la ab-yección: ¿se ha analizado en profundidad esta similitud?

En El ser y la Nada (1943), Sartre se basa en la diferenciación entre la negación propia del pensamiento y un anonadar-nada primordial; reafirma la libertad más que la re-pulsión y se afirma, en definitiva, más hegeliano que heideggeriano tanto en el campo de la filosofía como en su anarquismo político.

Aún releo esos textos –y les pido a ustedes que hagan lo mismo- porque dan testimonio de un momento inaudito del pensamiento occidental. Se trata del momento en el que el “retorno retrospectivo”, es decir el cuestionamiento, conduce al sujeto, que se conoce a sí mismo y conoce su verdad, a establecer –ni más ni menos- un trato familiar con la psicosis. Tanto la “fuerza” (Kraft) aniquiladora –que se halla en el reverso del contexto y cuya noción reabsorbe el impulso inquietante (Hegel)- como el sentimiento de disociación o de repulsión en Heidegger y hasta la “nada pre-judicativa” de Sartre –que alimenta su noción de la libertad como violencia radical, como cuestionamiento de cualquier identidad, de cualquier fe, de cualquier ley-, todas estas ideas chocan con una realidad psíquica que obstruye la conciencia y se exponen a la palpitación del ser cuando se intenta hacer accesible su lógica confrontándolas con realidades humanas. Se desdibujan las fronteras entre sujeto y objeto; la pulsión nos asalta; la lengua se vuelve “tonalidad” (Stimmung), memoria del ser, música del cuerpo y la materia. Heidegger intenta captar esta psicosis diletante visitando respetuosamente la obra de Hölderin. Sartre huye de ella y adhiere a una conciencia totalizadora y translúcida; el Flaubert, en El idiota de la Familia, y en Genet, en Comediante y mártir –próximo a la melancolía y a la perversión, por el estilo y el juego-, esta conciencia otorga más espacio al razonamiento y al humanismo mientras que, en Artaud, asume la forma de la destrucción radical.

Espero sorprenderlos con mi afirmación de que la corriente psicoanalítica inaugurada por Freud pertenece a esta interrogación sobre la nada y la negación. No me estoy refiriendo al psicoanálisis norteamericano dominado por la Ego psychology, sino a la interrogación radical que Freud, ubicado justo en la frontera entre la biología y el ser, lleva adelante sobre el psiquismo. Un texto todavía enigmático, Die Verneinung (La negación), de 1925, da testimonio de esta indagación. Por primera vez en la historia del pensamiento, unos años antes de ¿Qué es metafísica? de Heidegger, Freud vincula el destino de dos tipos de negación: el rechazo propio de la pulsión (Ausstossung o Verwerfung) y la negación interna al juicio. Sostiene, fundamentalmente, que le símbolo y/o el pensamiento son del orden de una negación, que no es más que una transformación, en ciertas condiciones, del rechazo o de la desunión propia de la pulsión, que denomina por otra parte, “pulsión de muerte”. Preguntas: ¿en qué condiciones la pulsión rechazante se vuelve negación simbolizante?

Toda la investigación psicoanalítica sobre la función paterna (Lacan) o la “madre suficientemente buena” (Winnicott), entre otras, intenta responder a esta pregunta; Melanie Klein, por su parte, basa lo más original de su obra en la importancia de esta pulsionalidad disociativa, rechazante, mucho antes de la aparición de la unidad del yo: la posición “esquizoparanoide” precede a la posición “depresiva”, generadora del simbolismo y del lenguaje.
Los trabajos sobre el narcisismo, las personalidades “borderline”, etc; intentan profundizar esta modalidad del psiquismo tributaria de lo arcaico, de lo pulsional, de lo materno y hasta lo extrapsíquico, la biología y el ser (según las escuelas).

La filosofía y el psicoanálisis, distintas corrientes del pensamiento teórico, comparten esta particularidad: han abordado a través del cuestionamiento retrospectivo (me refiero a la interrogación o el análisis) la psicosis, esta región fronteriza del ser hablante.
De modo paralelo a la filosofía y el psicoanálisis, por medios no teóricos esta vez, sino propios del lenguaje, la práctica de la escritura, al desplegar el sentido hasta las sensaciones y las pulsiones, alcanza el sinsentido y hace manifiesta su palpitación en un orden ya no “simbólico”, sino “semiótico”. Yo pienso en esta desemantización del estilo a través de elipsis en Mallarmé o por polifonías y palabras híbridas en Joyce. A través del lenguaje, y gracias a una sobrecompetencia lingüística, se obtiene una aparente regresión, un “estado infantil del lenguaje”. La chora semiótica, esta musicalidad infralingüística que apunta a todo el lenguaje poético, deviene la finalidad principal de la poesía moderna, una “psicosis experimental”. Quiero decir que se trata de la obra de un sujeto –pero de un sujeto en proceso-; ella logra alcanzar regiones peligrosas en las que la unidad se ve aniquilada a través del retorno a la arqueología de su unidad con el propio material de la lengua y el pensamiento.

Julia Kristeva

Nació en Bulgaria, aunque desarrolló toda su obra en francés. Autora de múltiples libros, ha sido traducida a una veintena de idiomas. Entre ellos, se destacan Extranjeros a nosotros mismos y Lo femenino y lo sagrado.