Educación, igualdad y nuevas tecnologías

Entrevista

¿Cómo impactan las nuevas tecnologías en el aula?

En primer lugar, existe una realidad socioeconómica y política muy atravesada por el desarrollo de las tecnologías. En la historia de la humanidad, las tecnologías han sido protagonistas de los cambios sociales, de la organización del trabajo y del mundo de la política. En lo que nos interesa en particular, la escuela como organizadora del conocimiento, y de las ma- neras en que se produce, circula y se transmite ese conocimiento entre distintas generaciones, la tecnología es un vector importante, pero no el único.

La percepción del mundo ha cambiado y los ciudadanos son conscientes de esto. Las nuevas tecnologías muestran el mundo de una manera diferente: como en su momento lo hicieron Galileo Galilei y las ideas renacentistas que dieron origen a la modernidad, y a una primera etapa de globalización. Hoy, Google Earth produce y acerca una realidad distinta. Entonces los fenómenos socioculturales resultan extremadamente complejos, con procesos a distintas velocidades, donde la gente tiende a aceptar algunas cosas y otras no.

Todo esto se juega de manera muy dramática en el campo de la educación. Es casi inevitable que la socialización de los jóvenes se produzca en entornos tecnológicos prácticamente desconocidos veinte años atrás. Este impacto genera cimbro- nazos en la escuela y en sus dispositivos, estructuras, formatos, maneras de preservar y transmitir saberes, y autoridad. Creo que estamos en el medio del bigbang y esto es muy difícil de administrar: los docentes, los alumnos, las instituciones, la legislación, estamos todos desorientados. En esta explosión, se registran fracturas que desconocemos. Escuelas que, con cierta velocidad, incorporan las nuevas tecnologías, y otras que todavía deben resolver problemas del siglo XIX, a la vez que enfrentan los desafíos del siglo XXI. Estos desfasajes se viven muy dramáticamente en la Argentina, en América latina y en el resto de los países del mundo. Lo que estamos atravesando hoy es un sistema complejo de reestructuración del saber, de la validación y transmisión delos conocimientos y con interrogantes sobre la autoridad.

¿Cuál es el principal desafío del docente en este contexto de incertidumbre?

El desafío más grande es desaprender ciertas estrategias de enseñanza que se manejaban y aprender otras maneras de organizar el evento pedagógico. Desde hace más de quince años, dicto clases teóricas de sociología en la UBA, donde sólo uso la tiza y el pizarrón. Si la universidad equipase el aula con pantalla virtual, conectividad, una computadora y terminales en red, ¿estoy capacitado para modificar mis clases? De un día para el otro, no. Porque antes debo desaprender mis estrategias clásicas y aprender otra manera de organización y exposición. Y debo distinguir cuándo usar la tecnología y cuándo apagar las máquinas.

La desventaja del docente del siglo XXI, ¿es enseñar saberes que no todos los profesores poseen y que sus alumnos ya incorporan naturalmente?

A mí no me gusta la distinción entre nativos e inmigrantes digitales, porque no necesariamente los jóvenes son tan alfabetizados digitalmente ni los adultos tan analfabetos. Todo es parcial. Los chicos saben usar las redes sociales, jugar, bajar música, videos, películas. ¿Eso es lo que tiene que saber un docente? Estrictamente no. Puede saber todo eso, pero en realidad tiene que saber otras cosas como manejar estrategias de enseñanza aprendizaje, con tecnología para la lectoescritura, la matemática, las ciencias. Si además sabe utilizar los otros saberes, podrá posiblemente enriquecer su tarea.

Pero no confundamos el manejo de las herramientas con los procesos de enseñanza. El rol del docente siempre estará ahí para transmitir conocimientos, colaborar en la distinción de lo importante y lo aleatorio, para jerarquizar los saberes, para organizar el enorme reservorio de información que es Internet. Las nuevas tecnologías, ¿desplazaron a la escuela como escenario central de acceso al conocimiento? Existe una primacía de los medios de comunicación en la producción, circulación y consumo de la información, pero el espacio central del conocimiento y el aprendizaje sigue siendo el sistema escolar.

Un medio me puede brindar muchos datos, pero no me enseña a resolver el binomio de Newton o conocer en profundidad la geografía económica de un país. Los medios de comunicación no pueden validar el conocimiento. En sentido amplio, la escuela como etapa de formación, desde el nivel inicial al universitario, se erigió entre los siglos XIX y XX como el lugar privilegiado de acceso al saber, el conocimiento, la información. Lo hizo en una escala jerarquizada determinada, en una relación vertical entre docente y alumno, con un acuerdo tácito en que las fuentes de saber eran el libro y el profesor, y en que el estudiante asumía una responsabilidad personal en ese proceso de aprendizaje. Muchos de estos supuestos están quebrados y cuestionados, pero la escuela se mantiene como el escenario donde esos dilemas y tensiones pueden procesarse. No hay otro lugar que la reemplace y, sobre todo, que acredite conocimiento como lo hace ella. Las nuevas tecnologías han puesto en tensión la idea clásica de que los ancianos tienen el saber, y los jóvenes, la vocación de aprendizaje. Hoy, nuevas tecnologías de por medio, estamos ante un hecho inédito en la historia de la humanidad: la experiencia de que los más jóvenes le enseñen a los más ancianos. En las redes sociales había un grupo que se llamaba “estoy harto de enseñarle computación al abuelo”. Allí los adolescentes se contaban las dificultades de aprendizaje de los adultos mayores, uno de los segmentos que más han incorporado las nuevas tecnologías en los últimos años. Debemos conocer también el fenómeno de enseñar el uso de las nuevas tecnologías a la tercera edad, con otras dinámicas, lógicas, intereses y demandas. Las políticas públicas tendrían que abordarlos.

¿El uso de las nuevas tecnologías traerá aparejado un proceso de enseñanza y aprendizaje más horizontal, en contraposición con el modelo clásico verticalista?

Sólo relativamente. Es verdad que el lugar clásico del alumno y el docente están en crisis, pero en todo proceso de aprendizaje siempre habrá saberes distintos, habrá alguien que evalúe y otro a ser evaluado. ¿Puede desaparecer la escuela? Sí, porque es una institución joven que apenas tiene doscientos años, y en la historia de la humanidad existieron muchas y diferentes maneras de reproducir ese sistema de enseñanza y aprendizaje.

Sin embargo, mientras la escuela exista como tal, deberemos transformar su estructura de funcionamiento, sin perder de vista que siguen existiendo relaciones de autoridad, y que los jóvenes y los docentes ocupan diferentes lugares en el sistema educativo. La problemática referida a la autoridad es previa al surgimiento de las nuevas tecnologías, y que hoy esté en jaque no fue provocado por ellas. La autoridad toda –en la política, en las instituciones, en la familia– está en crisis porque vivimos en una sociedad que, desde la revolución francesa, impuso el funcionamiento del principio de igualdad. En el siglo XIX, Alexis de Tocqueville anticipó que este principio de igualdad haría estragos en la sociedad jerárquica de su tiempo, y que cambiaría la historia de occidente. Y tuvo mucha razón, porque el movimiento por la igualdad no se contentó con disolver los privilegios por nacimiento o por acumulación de riqueza, sino que fue por más: el principio igualitario siguió funcionando también en otros sistemas, como el educativo, que supone diferenciación de roles y donde debemos pensar la diferencia. Hoy, diría Tocqueville, tenemos a un chico sentado en el aula, que se cree en condición de igualdad respecto del docente. En ese desafío entonces estamos hoy: en el difícil equilibrio de reponer autoridad en el docente y, al mismo tiempo, de saber escuchar la palabra de los alumnos.

Se reproduce con autorización de

Luis Alberto Quevedo

Nació en Rivera, Uruguay, 23 de febrero de 1953. Es sociólogo, profesor, investigador y especialista en medios de comunicación. Es Profesor Titular regular por concurso en la carrera de Sociología de la UBA (Universidad de Buenos Aires). Entre 1998 y 2005 fue secretario académico de la FLACSO (sede Argentina). En 1984 se nacionalizó argentino. Actualmente reside en Buenos Aires.